Bertrand Russell. Raza y sangre puras
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Las falacias sobre “raza” y “sangre”, que siempre han sido populares y, que los nazis incorporaron a su credo oficial, no tienen ninguna justificación objetiva. Se cree en ellas, únicamente, porque contribuyen a la autoestima y, a los impulsos hacia la crueldad.
En una forma u otra, estas creencias son tan antiguas como la civilización; sus formas cambian, pero su esencia se conserva. Herodoto nos relata, como Ciro fue educado por campesinos, en completa ignorancia de su sangre real; pero a la edad de doce años, su regio comportamiento hacia otros chiquillos campesinos, reveló la verdad. Esta es una variante de una antigua historia, que se encuentra en todos los países indoeuropeos. Hasta la gente algo moderna, dice que “la sangre habla”. Es inútil que los fisiólogos científicos, aseguren al mundo, que no existe diferencia alguna, entre la sangre de un negro y la de un hombre blanco. La Cruz Roja norteamericana, obedeciendo al prejuicio racial, al inicio, cuando EE.UU. se vio envuelto en la última guerra (SGM), decretó que no se utilizara ninguna sangre de negros, para transfusiones. A resultas de una gran agitación, se concedió que se podía utilizar sangre de negros, pero sólo para pacientes negros. Análogamente, en Alemania, los soldados arios que necesitaban transfusiones de sangre, eran cuidadosamente protegidos, de la contaminación con sangre judía.
No existe prueba alguna, de que haya ninguna ventaja, en pertenecer a una raza pura. Las razas más puras que ahora existen (1950), son los pigmeos, los hotentotes y, los aborígenes australianos; los tasmanios, que probablemente eran más puros aún, se han extinguido. No eran portadores de una brillante cultura. Los antiguos griegos, por otra parte, surgieron de una amalgama de bárbaros septentrionales, con la población indígena; los atenienses y los jonios, que eran los más civilizados, eran también los más mezclados.
Las supersticiones en cuanto a la sangre, tienen muchas formas, pero sin relación alguna con la raza. Dios dijo a Caín: “La voz de la sangre de tu hermano clamó hacia mí desde el suelo”. (Dios declaró que Caín, el primogénito de Adán y Eva, estaba maldito y, colocó sobre él una marca como señal, de que el que osara matarlo o lastimarlo provocaría la ira de Dios. De acuerdo con algunos investigadores, algunas de las primeras interpretaciones de la Biblia en el cristianismo sirio, combinaban la maldición y la marca de Caín, e interpretaban la maldición como la piel negra. Interpretaban que al sentirse Caín rechazado y según el texto bíblico “su rostro se ensombreció” y que el cambio de color de la piel de Caín se hizo permanente). Otros antropólogos, opinan que la marca de Caín, fue un disfraz para impedir que la sangre de Abel le encontrara. Esta parece ser también la razón original, para llevar luto.
El sentimiento de que la sangre mancha, perdura aún en ciertos lugares, por ejemplo en los tabúes relacionados con la menstruación. La idea de que un niño, es de la “sangre” de su padre, tiene el mismo origen supersticioso. Por lo que respecta a la sangre verdadera, en el niño entra la de la madre, pero no la del padre.
Si la sangre fuera tan importante como se supone, el matriarcado sería la única forma correcta, de determinar la descendencia.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.