El primer “ochomil”. Antecedentes. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“El alpinismo es un deporte, es una evasión, a veces una pasión y, casi siempre, una mística”
(Maurice Herzog)
“Me dirán, ya lo sé, que nuestras fatigas, nuestros sufrimientos, son inútiles. Inútiles los peligros pasados, inútil la sangre tal vez derramada… Pero es conveniente que, en este mundo corrompido por el utilitarismo, alguien venga alguna vez a dar ejemplo de desinterés, de gratuidad. Ningún beneficio nos procurará nuestra aventura – ningún beneficio que se traduzca en dinero -. Nuestra acción es pura. Esta pureza es su única razón de ser, nuestra verdadera riqueza. Nos sentimos orgullosos de ella”
(Georges Sonnier. “El reino de la luz”).
¿Por qué los hombres escalan las montañas? He aquí una pregunta fundamental. Y muchas han sido las respuestas, aunque ninguna tan simple y contundente, como la que se le ocurrió a George Herbert Leigh Mallory, cuando le preguntaron por qué quería escalar el Everest: “Porque está ahí”. En su lacónica frase, a todas luces extensiva al común de los desafíos alpinos, el célebre alpinista inglés, uno de los más grandes de la historia, acertó a condensar el espíritu de exploración, de una manera cabal, sin necesidad de recurrir a sobados circunloquios filosóficos, morales o estéticos. ”Porque está ahí” es un soberbio epigrama, un prodigio de síntesis, que apunta directamente al puro, elemental y a la vez complejo, afán de saber por saber, germen de las principales transformaciones, que el ser humano ha introducido en el mundo en el que vive.
Pero las montañas son tan viejas como la Tierra. Igual que los mares, siempre se han ofrecido a la mirada inquisitiva de los hombres y, sin embargo, el deseo de penetrarlas y conocer su íntima esencia, es tan nuevo que, en cierto modo, anda todavía sacudiéndose el líquido amniótico de encima.
Hace tan solo unos doscientos años, las elevadas cimas de los macizos alpinos, continuaban inspirando indiferencia o, en su defecto, aprensión y desasosiego. Todavía a mediado el siglo XIX, aquello que se relacionaba, de una u otra manera, con el medio alpino en estado salvaje, suscitaba reacciones de rechazo. Los escritos de los viajeros de la época, que se veían obligados a franquear sus pasos, rivalizaban en epítetos, todos desfavorables, a la hora de describir dichas regiones.
El alpinismo, tal como hoy lo entendemos, constituye una actividad reciente. Tuvo sus orígenes en los Alpes – de ahí el apelativo de quienes lo practican – en el último tercio del siglo XVIII. Lo curioso es que nació, fuera de todo contexto social o histórico. Fue el suyo un parto aislado, sim mediar circunstancias desencadenantes, producto de la semilla sembrada por un solo hombre, Horace Bénédict de Saussure, secundado por un selecto grupo de precursores. Como el de todas las grandes hazañas descubridoras, fue también un parto prematuro. Muchos años hubieron de transcurrir, antes de que en la misma Europa cobrara fuerza, el impulso de seguir las huellas, de este apasionado ginebrino, intrépido padre de la criatura.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.