Vikingos. Ancestros y herederos. La arqueología
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los arqueólogos cuentan con la ayuda, de un impresionante aparato teórico, en constante evolución y, a menudo, impenetrable para los legos, pero que resulta vital. Puede resultar asombroso y, también inspirador, comparar lo que sabemos de la época vikinga (o del pasado en general) con lo que sabíamos hace cincuenta años (cuando yo tenía treinta). En el bachillerato, ni recuerdo que nos hablaran de ellos, o que, simplemente, algún profesor los mencionara de pasada.
También hay otras cuestiones. Un aspecto común a todos los yacimientos arqueológicos, es la de la cuestión de la preservación que, en su mayor parte, depende del tipo de suelo local y su acidez relativa. La piedra es el material más resistente a los daños. El material y la cerámica también suelen sobrevivir, mientras que la preservación de los huesos, varía en cada caso. Lo más difícil de preservar de todo, son los materiales orgánicos – objetos hechos de tejido, cuero, madera y materiales similares – que han desaparecido en casi todos los casos, excepto cuando el suelo está anegado, o impide de algún modo, la presencia del oxígeno.
Todo esto es aplicable a las cosas que se encuentran en el suelo, pero los arqueólogos también registran el paisaje visible, que en la época vikinga, encuentra sus exponentes más obvios en movimientos de tierra, fortificaciones o túmulos funerarios, pero que también incluye monumentos de piedra, límites entre campos en forma de zanja, paredes de piedra seca… etc. La topografía puede haber cambiado, los ríos haber alterado su curso, la línea de costa tal vez haya avanzado, o se haya retraído, quizá las marismas se hayan secado o, en casos más extremos, es posible que fenómenos naturales, como las explosiones volcánicas, hayan tenido un impacto más drástico, pero, en cualquiera de estos casos, las pruebas siguen ahí. Igual que los paisajes pueden “leerse”, también puede leerse aquello que ocultan bajo su superficie, mediante técnicas no invasivas de reconocimiento como el georradar y, toda una serie de herramientas electromagnéticas, que pueden penetrar el suelo y revelar elementos ocultos, como zanjas, agujeros para postes u hogares.
Al combinar la excavación, el trabajo de campo y las prospecciones geofísicas, el panorama de asentamientos de la época vikinga, puede reconstruirse hasta llegar hasta los detalles más ínfimos, de la vida de sus habitantes. De tal modo podemos conocer cómo vivían, vestían, o que comían; vemos las cosas que hacían y utilizaban. Los arqueólogos puede reconstruir como eran sus hogares y granjas, cómo la gente se ganaba la vida y, cual era sus sustento y, nos podemos hacer una idea de cómo era su economía. También permite el esbozo, de un esquema de su estructura familiar y jerarquías sociales, una aproximación a sus sistemas políticos y a la manifestación del poder. La arqueología puede, también, recuperar actividades rituales, tanto para los vivos como para los muertos, que nos abren una ventana, a la mente y paisajes religiosos de los vikingos. Y, no menos importante, todo esto puede ilustrar, cómo esas gentes de la época vikinga, interactuaban los unos con los otros, tanto dentro del inmenso territorio, de lo que hoy es Escandinavia, como allende.
Hace ya años que la arqueología, ha cambiado, de forma espectacular, como entendemos el pasado y, sus efectos se han sentido en el estudio de la época vikinga, tanto como en otros periodos. El análisis de los isótopos de estroncio y oxigeno, entre los dientes y huesos humanos, permite localizar los lugares, donde la gente pasó sus años formativos, decirnos si viajaron y, también, revelar como era su alimentación. La ciencia de los materiales puede identificar objetos y sustancias tan mal preservados, que no hace tanto, debíamos contentarnos con adivinar su naturaleza. El análisis científico puede rastrear los orígenes de metales, arcillas y minerales, utilizados en la manufactura de un objeto; las especies y hábitats de los animales cuyas pieles, huesos y marfil, se emplearon como materias primas y, extraer fechas exactas de los anillos de crecimiento de los árboles, en ocasiones hasta el punto de permitir establecer el año e, incluso la estación, en que tuvo lugar un acontecimiento. El análisis del ADN antiguo puede especificar con seguridad, el sexo de los muertos, desentrañar sus relaciones de parentesco e, incluso, revelar el color de sus ojos y de su cabello; también posibilita el seguimiento de las migraciones a gran escala y, los cambios demográficos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.