El Nilo Azul. El poder de Teodoros. III
La carta que Teodoros (de la que hablamos antes) a la reina Victoria, siguió su curso hasta Londres. En condiciones normales habría merecido una respuesta cortés, aunque posiblemente evasiva, pero en esta ocasión, alguien del Ministerio de Asuntos Exteriores, cometió un error: la carta fue leída, quizá suscitó una leve sonrisa y, quedó en el olvido. Para un hombre del amor propio de Teodoros, esto por sí solo, ya era un insulto y, por si fuera poco, el Ministerio de Asuntos Exteriores, añade más leña al fuego: envían a Cameron instrucciones, para que se dirija a Kassala, en el Sudán, donde, entre otras cosas, ha de examinar las posibilidades de cultivo de algodón (los precios se habían cuadriplicado, al suspenderse con la guerra civil, el abastecimiento desde los EE.UU.) e investigar el tráfico de esclavos.
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