El Nilo Azul. El poder de Teodoros. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Durante unos días Teodoros hizo de veleta: tan pronto colmaba a Rassam de regalos y, promesas de pronta liberación, como enviaba aviso de que todos los prisioneros debían prepararse, para acudir ante él a Zagé, en demanda de su perdón personal. Por fin, a primeros de abril, toma una decisión: los prisioneros podían partir, saliendo de Etiopía, por la ruta de Gondar y, Rassam, Blanc y Prideaux, acudirían a Zagé, para dar el último adiós. El 13 de abril, viernes, los dos grupos se ponen en camino. Cameron y su gente enfilan al norte, hacia la frontera, los tres miembros de la misión cruzan, una vez más, el lago Tana hasta Zagé.
Esta ves no hubo recepción amistosa en la orilla. Se enteraron de que Teodoros, había pasado los tres últimos días, de borrachera orgiástica y, de que ahora iban a trasladarse a la sala de audiencias. Al entrar no ven a Teodoros por ningún lado, en cambio había allí, multitud de personajes destacados de la corte. “De repente”, cuenta Rassam, “tres fornidos caciques cayeron sobre mí, dos de ellos me asieron por los brazos y, el otro, por el faldón de la chaqueta… al mirar hacia atrás en busca de mis compañeros, vi que también habían sido arrestados y, estaba recibiendo un duro trato, por parte de los soldados”.
Se percatan entonces, de que Teodoros estaba sentado, escuchando, detrás de la puerta y, que la sala de audiencias, se había convertido en un juzgado. Se presentan los cargos: Rassam había despachado a los prisioneros, sin reconciliarlos primero con el emperador, había enviado cartas a la costa sin permiso: el galimatías no tiene fin y, a cada intento de Rassam por refutarlos y explicarse… manotada y al rincón. En medio de toda esta tramoya, Teodoros pasa inesperadamente, un recado a Rassam, pidiéndole excusas por todo lo que estaba sucediendo, al que añade también, la siniestra noticia de que Cameron y su grupo, han sido arrestados, en la otra orilla del lago y, que están siendo trasladados a Zagé. A continuación, Rassam y sus compañeros, son conducidos, bajo custodia, a una tienda y, allí pasan la noche.
El 15 de abril, Cameron y compañía desfilaban hacia el campamento. Al otro día, todos los prisioneros, eran procesados conjuntamente. El acto se celebra al descubierto, bajo un sol abrasador, en presencia de miles de etíopes, con Teodoros sentado en el centro. El procedimiento era demencial y, a mediada que se desarrollaba, ganaba en insensatez. Comparece primero Rassam con sus compañeros y a él, se le concede el sitio de honor, junto al emperador. Durante una hora Teodoros de deshace en halagos, le tranquiliza, le promete su cariño. Luego hacen pasar a Cameron y todos los demás, encadenados brazo con brazo por parejas. De nuevo se presentan los mismos cargos de siempre y, como siempre, son negados. “¿Es esta tu amistad, Sr. Rassam?” pregunta Teodoros, “¿qué quieres abandonarme y llevarte a quienes han abusado de mí? Por la tarde se levanta la sesión, sin que se haya decidido nada.
La farsa se reanuda al día siguiente. Esta vez se abre la vista, con Teodoros gritando “¡Por Cristo, perdonadme!” y toda la concurrencia hincada de rodillas, en actitud de oración. Esta pausa parece haber ejercido un efecto clarificador, en el ánimo de Teodoros, pues anuncia que uno de los misioneros, Flad, iba a ser enviado de inmediato a Inglaterra, en calidad de emisario. Manda a por un secretario y, le dicta una carta para la reina Victoria, diciendo que a Cameron y los demás prisioneros, se les autorizará a partir, pero que Rassam ha de quedarse. En una segunda misiva, Teodoros le pide a la reina, que le envíe un grupo de obreros especializados, que le ayude a modernizar el país. Amabas cartas son entregadas a Flad y, este parte escoltado (pero sin la señora Flad) por el camino de Metemma. Rassam y los demás prisioneros, bien sabido que ninguno sería liberado, mientras no regresara Flad con una respuesta – y entonces ya vería – vuelven a sus respectivos alojamientos. Sería la última vez que Rassam hablaría con Teodoros, en una año y nueve meses. El emperador se esfuma con su ejército, en las soledades de la meseta etíope, asesinando, torturando y asolando el país a su paso.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.