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Baruch Spinoza. Voorburg y el TTP. IV


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

A pesar de que los editores podaron los datos personales, de las cartas de Spinoza, durante esos seis años, más de lo habitual, aún así demuestran que él mantenía su proverbial serenidad, ya que sacaba tiempo para tratar con amigos o simples conocidos, sobre los temas más diversos. Con J. Hudde, sobre la infinitud y la unicidad de Dios y, sobre la forma más correcta de las lentes para telescopios, aunque ello le exigiera hacer cálculos geométricos muy ajustados. Con J, van der Meer, sobre la justicia entre varios jugadores en los juegos de azar, afirmando que la probabilidad de ganar o perder, de cada uno de los jugadores, debía ser proporcional a sus puestas o apuestas y, poniendo distintos ejemplos, en todos los cuales la calculaba, mediante una simple regla de tres.

Pero está claro que con quien más se relacionó Spinoza, durante esos seis años, en los que los amigos brillaban por su ausencia, fue con su fiel amigo y, mecenas de toda la vida, Jarig Jelles. Como las anteriores, las cartas se refieren a temas que parecerían ajenos, a las preferencias de éste por lo religioso y, a su carencia de pretensiones científicas. Con Jelles se ocupó de hidráulica o presión del agua en tubos de varias secciones y longitudes, que el mismo fabricaba y, que con ayuda de otros llenaba de agua, para experimentar con ellos.

No solo eso, sino que Spinoza parecía disfrutar, quizá por dar satisfacción a sus preguntas, con asuntos baladíes, aunque no para los curiosos y afanosos de saber. Tal es el “asunto Helvetius”, como él lo llama, relacionada con la “piedra filosofal”. En este caso la producción de oro a partir, según parece, de plata y de “una cuarta parte de grano de cebada o de mostaza”. Pues no solo se informó, yendo a hablar con el orfebre, sino que consultó a un experto y, ante su desacuerdo, se desplazó a La Haya, a fin de hablar con el propio J. Fr. Helvetius, a la sazón médico de cámara del Príncipe de Orange, el cual le dio esos detalles y, le anunció que publicaría los resultados en un libro, sin duda el titulado “Vitulus áureos” “becerro de oro”, como el de la Biblia, al que siguieron otros de teosofía y “el antiguo sepulcro de Adán”.

Este era, más o menos, el ambiente político en el que Spinoza, de había puesto ya ha redactar, la que sería su obra más célebre y, desde luego, la más polémica. Pero antes de zanjar su debate con Blijenbergh, en el cual le había aludido a su “Ética” (aún no editada)”, Spinoza hizo un largo viaje a Ámsterdam. Según le diría en su última carta, salió hacia allí después del 27 de marzo y, parece que no regresó hasta el 3 de junio, es decir, que habría estado en su ciudad natal, algo más de dos meses. Un viaje tan largo, en las circunstancias que recordamos al principio, nos hace pensar que su objetico no fue otro, que el de hacer gestiones con su editor habitual, Jan Rieuwertsz y, otros amigos, como J. Jelles, como “sponsor“, sobre el cambio de la “Ética”, por el fututo TTP (“Tractatus theologico-políticus”). De los cuatro meses siguientes, de principios de junio a inicios de octubre, tenemos dos cartas que, aunque no llevan fecha, son de sumo interés en este momento, puesto que ambas aluden, por un lado, al ambiente de tensión por la guerra y, por otro, al paso de la “Ética”al “Tratado Teológico-Político”.

En los tres meses que separan las dos cartas citadas, Spinoza dejó la “Ética, pese a que estaba muy avanzada y, se puso a redactar el TTP. Y la prueba de esto último es que, después de estos tres meses, ya Oldenburg conoce los contenidos del Tratado.

En todo caso, la conexión entre la situación crítica del régimen De Witt y el TTP, pareces estar en el fondo de su redacción. Y la importancia del abandono de la “Ética”, se colige porque su texto, ya parecía llegar al fragmento, que hemos calificado de “político”, de la cuarta parte actual.

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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