Un consenso elemental sobre los hechos
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Nos recordaba Irene Lozano, que desde que un portavoz de la Casa Blanca de Trump, llamó a las mentiras “hechos alternativos, la famosa novela de George Orwell “1984”, ascendió a la lista de los más vendidos.
Recordemos que en ella, en aquel mundo ficticio, se perseguía, no sólo que alguien pudiera expresar algo distinto de la verdad oficial, sino que incluso lo pensara. Orwell, en ella, fabula un sistema único de pensamiento centralizado, el cual se replica en la totalidad de la vida del individuo, a cualquier hora, en todos sus actos, de forma opresiva.
Pues bien, hoy en nuestras sociedades, con frecuencia, parece ocurrir lo contario. Recuerdo una anécdota que relató en su día, Alastair Campbell, exasesor de Tony Blair. En ella explicaba como, estando dando una charla contra el Brexit, una mujer le rebatía con insistencia. Así que él le dijo: “Permítame exponerle una serie de hechos”. A lo que ella respondió: “No me interesan tus datos, me interesan mis sentimientos”.
Así que por lo visto, hoy la verdad es privada, y hay tantas como pares de ojos miran el mundo. Nada más alejado de la verdad única, controlada y centralizada, del Gran Hermano. Hoy parece que podemos confiar en las vacunas, o no, incluso hay quien las cree herramientas de control, de una perversa red conspirativa liderada por Bill Gates. También se puede negar el cambio climático, como el primo de Rajoy. Cada tribu elige sus verdades y sus gurús. El acto de saber, se ha sustituido por el de creer. La información, que abre la puerta al conocimiento, ha sido sustituida por la superstición. Cada tribu vive encerrada en su realidad paralela.
“Nada era del individuo, salvo unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo”, se quejaba Winston, el protagonista de “1984”. Y mira por donde, esos centímetros cúbicos, en la economía de la atención, son hoy nuestro bien más preciado, por el que todos pugnan en las plataformas de contenidos, en las redes sociales, en las webs… Al entregar nuestra atención, cedemos el pensamiento propio e, incluso nuestra voluntad. Pero todo hoy, nos distrae dulcemente. Por el contrario, en la novela de Orwell, la opresión se hace presente, hasta en la respiración de la gente.
El régimen descrito por el autor inglés, tiene la verdad como referencia existencial, y miles de funcionarios trabajan para fabricarla, recrearla y volverla a tergiversar, tantas veces como sea necesario. En “1984” la verdad existe y es temible, porque si llegara a ser descubierta, amenazaría al poder.
Defender hoy que la verdad existe, se ha convertido en algo antiguo propio de los viejos, sobre la que no hay evidencia. Se debilita día a día, porque es indistinguible de la mentira. Ya no es necesario convertir falsedades en verdades, sencillamente esa oposición ya es irrelevante. Todo queda diluido en el magma (ahora que la palabra está de moda por el volcán de La Palma) de tuits, titulares, imágenes, videos… En 2021 la verdad es una, entre millones de cuerpos que bailan, de manera confusa, bajo un ruido incesante. Orwell, sí, describió a la perfección el totalitarismo, pero no anticipó el futuro, en lo tocante a nuestra relación con la verdad.
La democracia, como régimen de opinión pública, se sustenta en el intercambio de ideas, pero la discusión pública queda ahogada, por una ruidosa charlatanería, cuyos vínculos con la realidad, son cada día más tenues. Y no olvidemos, que una sociedad que no comparte un consenso elemental sobre los hechos, es una sociedad rota.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.