Afganistán. “El Gran Juego”. III
La rápida sucesión de victorias rusas, a las que me refería en mi anterior escrito, combinadas con los informes sobre la brutalidad de sus tropas, en las tierras que controlaban, fue un duro golpe, para los políticos de Londres que, desde la muerte de Napoleón, habían llegado a considerar la seguridad de la India británica, como un elemento vital, para que Gran Bretaña conservara su estatus de potencia mundial. Cuando el explorador del Himalaya, William Moorcroft, en 1823, logró interceptar una carta del conde Nesselrode, ministro de Asuntos Exteriores rusos, dirigida a Ranjit Singh, se confirmaron los peores temores de los estrategas británicos. Estos miedos, y la paranoia política que generaron, desencadenaron una oleada de rusofobia en la prensa británica e indo-británica, donde Rusia era presentada, cada vez con más frecuencia, como una amenaza bárbara y despótica para la libertad y la civilización.
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