Afganistán. “El Gran Juego”. XXVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Cuando Alexander Burnes, fue llamado a la residencia del gobernador general en Simla, para asesorar a lord Auckland, le advirtieron de que tratara de no confundirlo, y que no intentara hacerle cambiar de opinión. Le hicieron saber, que ya habían tenido muchos problemas para convencerlo, de que se embarcara en la empresa de invadir Afganistán y que, incluso ahora, se alegraría de tener cualquier pretexto para abandonarla. Hasta agosto, Auckland seguía barajando planes alternativos, y examinando todas las opciones posibles.
Sin embargo, todas las piezas iban encajando poco a poco, y Sir William Hay Macnaghten, y los hombres de la línea más dura de la administración, a pesar del nerviosismo y las dudas de Auckland, continuaban, de forma inexorable, con los planes de invasión. La magnitud de la misma, y el grado de participación de los británicos, aumentaba cada día. Con un total de veinte mil soldados ingleses involucrados, esta suponía la mayor operación militar, llevada a cabo por la Compañía de las Indias Orientales, en las últimas dos décadas, así como el primer gran conflicto, desde la derrota del sultán Tipu, cuarenta años antes.
El 10 de septiembre se dio la orden de movilización. Lord Auckland pidió formalmente a su comandante en jefe, que reuniera un ejército para marchar hacia Afganistán. El mismo día, a Burnes se le encargó preparar el itinerario, que habría de seguir el ejército a través del Sind. “¡Veinte mil hombres se han movilizado, para conseguir ahora, lo que una sola palabra podría haber logrado antes”, escribió Burnes a Holland, “y se van a desperdiciar dos millones, en hacer lo que me ofrecí a hacer por dos lakhs (unidad en el sistema numérico indio)”. Pese a todo, Burnes no estaba descontento: sus instrucciones habían llegado en un sobre dirigiso a “Sir” Alexander Burnes. Al principio pensó que se trataba de un error, pero al abrirlo, descubrió que le habían otorgado dicho titulo o tratamiento. A pesar de que su misión había sido un fracaso, y de que Macnaghten ocupaba ahora, el puesto al mando de la expedición, que él esperaba dirigir, sus superiores habían sabido apreciar su disposición, para apoyar públicamente una política, a la que siempre se había opuesto, y en contra de un gobernante (Dost Mohammad) al que siempre había admirado, y de cuya hospitalidad había disfrutado. A pesar del cúmulo de frustraciones de los últimos meses, había mantenido la boca cerrada, y su discreción ahora había sido recompensada. Su reputación seguía creciendo.
El 1 de octubre, lord Auckland hizo público, lo que más tarde sería denominado como “el manifiesto de Simla”, en el que se declaraba formalmente la guerra, y se anunciaba la intención de Gran Bretaña, de restablecer en su trono afgano a Sha Shuja, mediante el uso de la fuerza. El documento continuaba afirmando, que la popularidad de Sha Shuja “había sido constatada por su señoría, merced al testimonio contundente y unánime, de las máximas autoridades”. Por este razón, los británicos debían ayudar al legítimo gobernante de Kabul a ”entrar en Afganistán rodeado de sus propias tropas”. Esto, por supuesto, también suponía una distorsión de la realidad. Después de treinta años de exilio, llenos de comodidades, el Sha – de casi sesenta años – estaba apunto de dirigir la cuarta expedición, con el objetivo de intentar recuperar su trono. Sin embargo, esta vez, iba a estar a la cabeza de un ejército angloindio, en defensa de los intereses británicos, y vigilado de cerca por sus oficiales.
En nada se parecía esto, a la vuelta a casa con la que Shuja había soñado, durante décadas. Pero, en esta etapa avanzada de su vida, esto apenas importaba. Para él y su corte, aquella no era una invasión injustificada, irracional o innecesaria: se trataba del retorno de un rey:
El Gran Juego se había acabado. Ahora comenzaba otro juego, pero mucho más mortífero: una guerra. La Primera guerra anglo-afgana 1839-1842.
Pues eso.
(Con este artículo, acabo mi larga serie sobre la historia de Afganistán)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.