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Afganistán. “El Gran Juego”. XX


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En las fuentes inglesas, al “héroe de Herat” (como Henry Pottinger fue apodado, en la novela victoriana ultranacionalista de Maud Diver) suele atribuírsele el mérito, de haber incitado a los habitantes de Herat, a defender su ciudad, así como el de haber controlado a los persas, prácticamente el solo. Sin embargo, las crónicas persas y afganas, no confirman esa versión. En ellas, el asedio es visto como una lucha titánica entre dos pueblos, uno sunita y otro chíita. Y el coraje de los habitantes de Herat, sometidos a las más terribles privaciones, se convirtió en una epopeya de la valentía y la resistencia afgana. De hecho, dos de los historiadores afganos más importantes del momento, dedican casi tantas páginas al sitio de Herat, como a la invasión británica que sucedió a continuación.

Según estas fuentes afganas, tan pronto como llegó la noticia, de que el ejército persa se dirigía a Herat, Shah Kamran (quien gobernaba la ciudad) ordenó abastecer la ciudad de cereales y forraje, y cortar los árboles frutales de los huertos, al otro lado de las murallas. Reclutó nuevas tropas entre sus aliados tribales, los uzbecos y los hazaras, y el masivo muro oriental de adobe de la ciudad, fue reparado y reforzado, así como los del Ikhtiyar al-Din, la vasta ciudadela de Herat, que ocupaba un área equivalente a dos tercios de la propia ciudad. El 13 de noviembre de 1837, la vanguardia del ejército persa, había llegado a las afueras de la fortaleza fronteriza de Ghorian, que la conquistó en menos de doce horas. Unos días más tarde, las divisiones más avanzadas del enorme ejército – treinta mil hombres – marcharon por el valle del Hari Rud, hacia las murallas de Herat, rechazando con facilidad, los escuadrones de caballería enviados contra ellos. Sin esperanzas de vencer a los persas en campo abierto, Kamram centró todos sus esfuerzos, en las operaciones de defensa. Las fuerzas persas, como las olas del mar, chocaban una y otra vez contra la ciudad, por sus cuatro costados.

En estos días, Alexander Burnes recibió un mensaje de Dost Mohammad, en el que este solicitaba verle. En un “durbar” oficial (reunión formal donde se discutían, todas las discusiones referidas al estado) el emir le comunicó la peor de todas las noticias: un agente ruso, enviado por el zar para abrir relaciones diplomáticas con Afganistán, acababa de llegar a Gazni, y se le esperaba en Kabul a la semana siguiente. Según Burnes, el agente era el teniente Ivan Vitkevitch (del que ya hemos hablado, en artículos anteriores). “Esto es un desastre”, escribió Burnes a su cuñado, el comandante Holland, poco después. “Herat está sitiada y podría caer y ¡el emperador de Rusia ha enviado un emisario a Kabul, para ofrecer a Dost Mohammad Khan, el dinero necesario, para su lucha contra Ranjit Singh! El capitán Vitkevitch – que es el nombre del agente – me ha presentado de inmediato sus respetos. Por supuesto lo recibí y lo he invitado a cenar”.

La cena entre estos dos grandes rivales – la primera de este tipo en la historia del Gran Juego – tuvo lugar el día de Navidad del año 1837. Los dos agentes, reconvertidos en embajadores, hicieron buenas migas y descubrieron que tenías mucho en común. Burnes menciona que el polaco era: “Un hombre caballeroso y agradable, de unos treinta años de edad, que hablaba francés, turco y farsi con fluidez, y que vestía el uniforme de los oficiales cosacos, algo nunca visto antes en Kabul. Me pareció inteligente y bien informado, sobre la situación de Asia septentrional”. En las semanas que siguieron, Burnes trató de poner buena cara a la situación, cada vez más incómoda, en la que se encontraba. Era muy consciente, de que su misión estaba a punto de fracasar, sobre todo porque lord Auckland, seguía sin comprender la gravedad, de lo que estaba sucediendo en Kabul, y lo cerca que estaban de perder tanto Persia como Afganistán, frente a los rusos. Burnes decidió tomar la iniciativa. Ese mismo mes, prometió trescientas mil rupias a los barakzais de Kandahar, para ayudarles en su defensa frente a los persas, si estos tomaban Herat, y el ejército del Sha de Persia, se dirigiera a Afganistán.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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