El soplo Helad de la crítica. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Según Leonard Woolf, Virginia era terriblemente – patológicamente – sensible a la crítica, fuera cual fuera y de donde viniera. Escribir, era para ella, lo único importante en el mundo, sus libros formaban parte integral de ella misma. Algo parecido a esa madre que tiene la sensación, de que su hijo forma parte de ella misma, a lo largo de toda la vida. Y de la misma forma, que cualquier crítica a su hijo, le duele, a Virginia, cl más nimio ataque contra uno de sus libros, incluso el de un cretino insignificante, la hacia sufrir mucho.
La tortura se iniciaba en el mismo instante, en que ella había escrito la última palabra, de la primera versión de su libro y, duraba hasta que el último comentario de un profesional, o el de un amigo, se dejaba oír. Sin embargo, a pesar de esta agotadora hipersensibilidad, había en ella una fuerza intelectual y espiritual, que ha faltado a muchos escritores, por ejemplo a Desmond MacCarthy, que jamás publicó nada, porque temía el juicio del público. Todo ello era debido a la obstinación, con la que Virginia había reflexionado largamente, sobre cada palabra, sobre cada frase, cada párrafo, ya se tratara de una novela importante, o una crítica de pacotilla – recordemos que ella también ejercía de crítica literaria en la prensa – o lo que pudiera parecer una pacotilla, para cualquier escritor. El resultado de todo ello, era que siempre llegaba un momento, en el que Virginia se rebelaba contra los críticos, contra ella misma y, contra el mundo entero. Pero tenía el coraje de sus convicciones y, cuando daba su libro a publicar, exclamaba – no siempre convencida – como hubiera hecho Hippokleides (del que hablamos en el anterior escrito): “Virginia no tiene remedio”. Et voilà, el motivo por el cual ella murió, al contario que Desmond, después de haber escrito 17 libros.
La psicología de un ser humano desdichado, es una cosa curiosa y harto compleja. Muchos críticos han hablado de su sorpresa y reprobación, ante el espectáculo que daba la infortunada Virginia, ante un comentario negativo o, incluso, cuando se pasaba por alto, la salida de una de sus novelas. Así, a Max Beerbohm (escritor y caricaturista británico) no le gustaba nada su “Diario”. “Jamás he comprendido, como puede haber gente que los escriben. Por mi parte, jamás he sentido ese deseo ¡que narcisismo!, escribía Beerbohm. Por su parte, Leonard no entendía por qué, el hecho de que Max no tuviera el deseo de escribir su “diario”, pudiera ser un pretexto, para no admitir la elección inversa. “Es deplorable ser tan sensible a los juicios hostiles, como lo ha sido Virginia”, insistía Beerbohm. A lo que Leonard respondía: “Lo que es deplorable, es que ella haya podido sufrir hasta ese punto”.
El que una madre no puede soportar, que se emita el menor juicio negativo sobre su hijo, podría explicarse por la vanidad, pero sólo parcialmente. Pues era, incluso, lo opuesto a la vanidad, lo que estaba en juego. Es simplemente el hecho, de que uno busque, lúcidamente, la perfección, pues hablamos de un ideal. La madre desea que el hijo, sea perfecto por sí mismo. Y Virginia – que era maternal en sus sentimientos, como otros muchos escritores – deseaba que sus libros, también fueran perfectos por ellos mismos. Y sobre eso ella era hipersensible, física y emocionalmente, lo que le permitió, a la vez, escribir sus novelas y ser una hipersensible, pero viva, mientras que Beerbohm no amaba lo suyos. Y Leonard pensaba, que eso le había ayudado, a escuchar a los gorriones hablando en griego.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.