Afganistán. “El Gran Juego”. XXV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Aliviado por haber alcanzado un acuerdo con Ranjit Singh, el 14 de julio de 1838, William Hay Macnaghten, asesor de Lord Auckland, llegó a Ludhiana. Sha Shuja había sido informado de las conversaciones y acuerdos, entre Macnaghten y Ranjit Singh, por su propia red de espías e informantes, y era muy consciente, de que estaba siendo tratado como una marioneta o, como decía los afganos, un “muli”, un rábano. Tampoco le gustaba un pelo, la idea de tener que pagar un tributo a Ranjit Singh, el hombre que había torturado a su hijo. Si bien, en el tratado, el tributo se disfrazaba de “subsidio”.
En su reunión con Sha Shuja, para informarle de los acuerdos son Ranjit Singh, Macnaghten quedó impresionado, por la dignidad del sexagenario sha y “por la apariencia majestuosa del anciano pretendiente, en especial por su barba negra, que descendía de manera fluida hasta su cintura… mientras aguardaba pacientemente el “kismet” (el destino) que le devolvería a su trono”. Pero Macnaghten no estaba de humor, para aceptar más dilaciones en la ejecución de sus planes, a causa de las susceptibilidades de los sadozais que, al contrario que los sijs, no estaban en condiciones de negociar un acuerdo ventajoso. Shuja fue brevemente informado de los planes, así como de las nuevas fronteras, truncadas y más reducidas, del reino que le iban a permitir gobernar. A Shuja también se le aseguró, que podría entrar en Afganistán a la cabeza de sus propias tropas, utilizando la misma ruta, que había seguido en 1833-1834, y que no se le instalaría en el trono sin más, tras el paso de los regimientos británicos. Por último, se le prometieron fondos adicionales, para que pudiera entrenar a su propio ejército, como ya se hizo en la anterior campaña. De manera que Shuja firmó, lo que más adelante se conocería, como la “alianza tripartita”.
Mientras tanto, en lo alto del Himalaya, en Simla, lord Auckland, ultimaba los planes de la invasión británica a gran escala de Afganistán. Sin embargo, las dudas le atormentaban todavía, y estaba inquieto por las críticas cartas que empezaba a recibir, de los empleados más veteranos de la India. Charles Metcalfe, que había desempeñado el puesto de gobernador general hasta la llegada de Auckland – y en el que muchos habían visto, a un candidato más apto para el cargo – había expresado sus malos augurios, acerca de la política afgana de Auckland. “Nos hemos metido, sin necesidad y con muy poca cautela, en dificultades y aprietos”, escribió, “de los que nunca podremos salir, si no es mediante una retirada vergonzosa. Nuestra única opción, es intentar resistir la influencia de Rusia, sin embargo, nuestras medidas van encaminadas a conseguir todo lo contrario… El único resultado seguro – incluso aunque obtengamos una victoria brillante en un primer momento – será una sucesión de complicaciones y problemas, tanto políticos como financieros”.
El mayor experto británico en Afganistán, Mountstuart Elphinstone, era igual de escéptico: “Si enviáis a 27.000 hombres por el paso de Bolán a Kandahar (como hemos oído que se pretende hacer) y sois capaces de alimentarlos, no tengo duda de que podréis tomar Kandahar y Kabul, y de que Shuja será restablecido en el trono. Pero creo que es imposible, mantenerlo al frente de un país pobre, frío, orgulloso y remoto, y de una gente tan turbulenta como los afganos. Si lo lográis, me temo que nuestra posición frente a Rusia, se verá debilitada. Los afganos se mantenían neutrales, y hubieran recibido de buen grado, vuestra ayuda frente a los invasores. Ahora se encuentran descontentos, y deseosos de unirse a cualquier otro invasor, que pueda expulsarlos del país.
Los aliados locales de la Compañía de las Indias Orientales, tampoco creían que la invasión fuera a ser nada fácil. El nabab de Bahawalpur, cuyos territorios tenían que atravesar las tropas británicas, expresó su profunda preocupación, y la de todos los hombres de su corte. Como informó el oficial británico, que fue enviado a negociar con él: “Insisten en la hostilidad del terreno y nuestro desconocimiento de los caminos y pasos montañeros… Y sobre Dost Mohammad Khan, aquí son de la opinión de que nunca aceptará una capitulación, hasta que todos sus hombres lo hayan abandonado, y todas las puertas se le hayan cerrado”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.