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Afganistán. “El Gran Juego”. XXIV


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El 10 de mayo, William Hay Macnaghten, asesor de Lord Auckland, fue enviado a Lahore acompañado del capitán William Osborne (secretario militar y sobrino de Auckland), para tantear a Ranjit Singh, “el León del Punjab”. El 20 de mayo entraron en territorio sij. Como de costumbre, Singh recibió a la embajada en Adinagar, su palacio de verano favorito. Como también ya se había convertido en costumbre, Ranjit Singh procedió a interrogar a sus visitantes. “Estuvimos casi todo el tiempo, respondiendo a las innumerables preguntas de Ranjit”, escribió Osborne.

Tales charlas, no eran sino una cortina de humo, para desarmar a los ingleses, e intentar disimular la aguda inteligencia política, que Ranjit Singh desplegaba siempre en las negociaciones. Osborne era lo bastante perspicaz, como para darse cuenta de ello: “Aunque de apariencia enfermiza indudable, el semblante de Ranjit Singh muestra a cualquiera que lo quiera ver, que es un hombre extraordinario… tal inteligencia, asociada al incesante movimiento de su único ojo llameante, suscita tanto interés, que uno se ve obligado a admitir, por su rostro, que su intelecto y agudeza, son de un grado superior a lo habitual, aunque la primera impresión que despierta su presencia, pueda indicar lo contrario”.

En un primer momento, Auckland no pensaba en asignar a las fuerzas británicas, la misión de derribar a Dost Mohammad. Esperaba que fueran Ranjit Singh y Sha Shuja, los que combatieran en esa guerra, mientra que, igual que en la última expedición de Sha Shuja, los británicos se limitarían a proporcionar dinero, material y apoyo moral y diplomático. Pero, debido a los problemas que Ranjit ya tenía, para mantener sus nuevas conquistas en Peshawar, este no acogió con mucho entusiasmo, la propuesta de lord Auckland de invadir Afganistán. Deseaba deshacerse de Dost Mohammad, y veía en el proceso, la posibilidad de aumentar su riqueza, pero no estaba dispuesto, a verse comprometido en Afganistán, por lo que jugó sus cartas con habilidad.

A principios de junio, Macnaghten informó desalentado, de que Ranjit “no se planteaba marchar con sus tropas sobre Kabul”. Sin embargo, poco a poco, el maharajá Singh dejó claro, que estaba dispuesto a cambiar de opinión, e insinuó que podría unirse a una expedición de castigo, para destruir a su viejo enemigo afgano, a cambio del centro financiero de Shikarpur, el Jáiber y Jalalabad. Macnaghten se negó y, durante dos semanas, las conversaciones quedaron en punto muerto. En realidad, para Ranjith, estas demandas no eran más que herramientas para negociar. De hecho, cuando cedió y dijo que a cambio, sólo quería las posesiones de Peshawar y Cachemira a perpetuidad, veinte mil libras esterlinas de los británicos, y una gran cantidad de efectivo de los emires de Sind y, en lo que respectaba a Sha Shuja, que este le pagara un tributo anual, Macnaghten aceptó su oferta de inmediato, y prometió presionar a Shuja y a los emires, para que cumplieran con su parte del trato. A medida que avanzaban las negociaciones, lo que originalmente se planificó, como una expedición sij beneficiosa para los británicos, se fue poco a apoco transformando, a lo largo de varias semanas, en una expedición británica provechosa para los sijs.

Hasta el momento, nadie había pensado en informar a Sha Shuja, de su inminente restauración en su antiguo trono. Ni siquiera Macnaghten, que tanto había hecho, para sacar a Shuja de su retiro, conocía al hombre al que llevaba defendiendo tanto tiempo. Shuja llevaba ya treinta años – la mitad de su vida – exiliado en Ludhiana, pero no había renunciado, ni por un momento, a la esperanza de regresar a casa y gobernar el país que consideraba suyo, por derecho divino. Había perdido a su extraordinaria esposa hacía muy poco tiempo, la formidable Wa’fa Begum. Y su dolor se vio acrecentado, cuando unos fanáticos sijs “akalis” (escuadrones suicidas del sijismo), profanaron la tumba que Shuja había construido para ella, en el “draga” (santuario) de Sirhind.

(Continuará.)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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