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Afganistán. “El Gran Juego”. XIX


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Lord Auckland comenzó pronto, a aceptar la opinión de su secretario Claude Wade, de que, por el bien de los sijs – y, por tanto, de los británicos – era preferible que Afganistán permaneciera fragmentado, antes que ayudar a Dost Mohammad a consolidar su gobierno, y aceptarlo como aliado. “La existencia de un estado mahometano muy poderoso en nuestra fronteras – escribió Auckland a Londres – podría convertirse en una fuente constante de inquietud o, incluso, de serio peligro. Por el contrario, una miríada de jefes, que se reparten el poder y que, por su posición y circunstancias, están dispuestos a buscar nuestra amistad, son mucho más seguros y deseables como vecinos”.

Lord Auckland y sus asesores, también subestimaron el ingenio del conde Simonitch (embajador ruso en Teherán) que se extralimitó en las instrucciones que recibió de San Petersburgo, y estaba maniobrando para englobar, en una coalición antibritánica – dirigida por Rusia – a todas las potencias de la región, entre ellas no sólo a Persia y a Afganistán, sino también a Bujará y Jiva. Como veremos, estos errores conllevarían a su vez, evaluaciones aún más equivocadas.

Otro problema añadido para Burnes, era el hecho de que Lord Auckland, no pensaba que la situación, requiriera una actuación urgente. Él era el único que, desde Kabul, comenzaba a apercibirse de que la actitud de Auckland, lo iba a llevar de cabeza, hacia un desastre diplomático de grandes dimensiones. Era muy consciente de que si los británicos, no actuaban con rapidez, para asegurarse la amistad de los barakzais (en el gobierno de Kabul) los persas y los rusos lo harían en su lugar. En este caso, Afganistán quedaría fuera de la influencia británica. A partir de entonces, y con cierta perplejidad, comenzó a recibir sucesivas cartas del gobernador general, ordenándole que no prometiera nada a Dost Mohammad, y que se negara a actuar como intermediario en Peshawar.

Hacia finales de noviembre, y con la intención de hacer cambiar de opinión a lord Auckland, Burnes envió un largo informe a Calcuta, sobre “la situación política en Kabul”. En él utilizaba argumentos convincentes, a favor de la consolidación y la extensión, del poder de Dost Mohammad, como el método más eficaz para dejar a los rusos, fuera de Afganistán. Pero Burnes, entonces desconocía que en Calcuta, y casi al mismo tiempo, William Macnaghten mantenía una correspondencia con Claude Wade, en la que apoyaba con firmeza su política, completamente opuesta a la de Burnes: una estrategia que abogaba por el apoyo unilateral a los sijs, dejaba Peshawar en manos de Ranjit Singh y que, al norte de esa ciudad, pretendía mantener un Afganistán dividido, con un débil Sha Shuja reinstalado en Kabul, en el lugar del emir.

Cuando, a principios de diciembre, el invierno afgano trajo las primeras nieves, llegaron malas noticias a Kabul. Los informes decían, que el ejército persa estaba moviéndose, para asediar los poderosos muros timúridas de Herat. Era de esperar, pues desde tiempos inmemoriales, los persas habían reclamado el oeste de Afganistán, ocuparon Herat en 1805, y planearon otro ataque en 1832. Aún así, Burnes quedó sorprendido, por el tamaño del ejército enviado, para tomar la ciudad del oeste afgano – más de treinta mil hombres – y por la presencia en el campamento persa, de un gran número de asesores militares, mercenarios y desertores rusos, que trabajaban para los persas.

Una de las razones, por las que Burnes tenía tanta información, sobre lo que sucedía en Herat, era la presencia en ella, de un joven oficial británico ¡otro protagonista del Gran Juego! Que primero se hizo pasar por un comerciante de caballos musulmán, y luego por un “sayid” (teólogo). El teniente Eldred Pottinger, era el sobrino de sir Henry Pottinger, el responsable de la red de inteligencia de Bhuj (capital del distrito de Kach) y anterior jefe de Burnes. Es más que probable que su presencia en Herat durante el asedio, no fuera fortuita, ya que garantizó la existencia de un flujo de informaciones imprescindibles para los británicos, durante el asedio.

Pues eso.

(Continuará.)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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