Robespierre y “Le Serment du Jeu de Paume”
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Cuando Luis XVI, temerariamente, reunió los Estados Generales de Francia, la cuestión de si los tres Estados se reunirían por separado o en conjunto, devino fundamental. El ambiente empezó a cargarse de electricidad, cuando el Tercer Estado se negó a reunirse por separado, para verificar sus credenciales y pasar lista.
Fue una medida crucial. Antoine Buissart, el íntimo amigo de Maximilien Robespierre en Arras (su pueblo natal) estaba ansioso de noticias. Así que el 24 de mayo, Maximilien le escribió un relato detallado, de su interpretación de los sucesos de las tres primeras semanas de los Estados Generales: “Los diputados de los comunes (pues aquí la expresión ’Tercer Estado’ está proscrita, por tratarse de una etiqueta de su antigua servidumbre) no eran de la misma opinión, y resolvieron que todos los poderes de todos los diputados de todas las clases, se debían formalizar en común, en el seno de la Asamblea Nacional, y que si el clero y la nobleza, persistían en negarse a unirse al cuerpo principal de la nación, que residía en los comunes, entonces los comunes, se constituirían en Asamblea Nacional, y actuarían en consecuencia”.
Robespierre estaba encantado, con el “sólido patriotismo” del Tercer Estado de Artois, en especial el de los campesinos. Los diputados de los comunes, adoptaron muy pronto un propósito unitario, que insistía en su dignidad y responsabilidad ante “la Nación” y, el 17 de junio de 1789, se proclamaron Asamblea Nacional, competente para actuar en interés del reino en su conjunto.
Tres días después, encontraros clausurada su sala de reuniones. Desconfiados, pero decididos, ocuparon una pista cubierta cercana, en donde se jugaba a la pelota, y prestaron juramento de no separarse jamás. Maximilien fue un signatario entusiasta, el cuadragésimo quinto.
Aquel fue el primer desafío revolucionario, contra el absolutismo y los privilegios. El rey se presentó, ordenando a todos los diputados, que se reunieran en una asamblea común. Pero, al mismo tiempo, a dieciséis kilómetros de Paris, veinte mil soldados, la mayoría mercenarios extranjeros, se desplazaron y sitiaron la capital. Pese al nerviosismo de sus primeros discursos, Robespierre fue uno de los 24 diputados elegidos, para exponer el día 9 en Versalles, una alocución ante el rey, en la que se manifestaba su preocupación, por los movimientos de tropas.
No obstante, al final, la Asamblea Nacional sólo se salvó de una probable disolución por la fuerza, gracias a la insurrección violenta, de millares de trabajadores parisinos, furiosos por la subida del pan, y seguros de que la Asamblea Nacional, estaba amenazada por el ejército. Desmoulins y Fréron, antiguos compañeros de escuela de Robespierre, fueron algunos de los que propiciaron la revuelta. Su principal objetivo el 14 de julio, era la Bastilla, en el faubourg Saint-Antoine, donde se sabía había un arsenal. Fue también un símbolo sobrecogedor, de la arbitraria autoridad de la monarquía. Aproximadamente un centenar de parisinos murió, cuando el alcaide de la fortaleza, ordenó que sus soldados abrieran fuego, contra la multitud asaltante.
La toma de la Bastilla, marcó el éxito de la insistencia de la clase trabajadora parisina, le indicó que esta también era cu causa, y transmitió ondas expansivas por todo el reino, y por toda Europa.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.