El soplo Helad de la crítica. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Escribe Leonard Woolf, que según él, en el proceso creativo de Virginia, se daban dos fases, casi antitéticas, pero que, de hecho, todo trabajo creador comporta dos etapas: de inicio la emoción, la creación pura, la inspiración; seguidamente el análisis y la reflexión. Y eso en todos los eruditos, los filósofos, no únicamente en los artistas.
Hace dos mil años, en Sicilia, cuando Arquímedes resolvió el problema del equilibrio de los cuerpos en un líquido, en el cual había estado trabajando días y días, se hallaba en su baño. Salió rápido del mismo y, se lanzó desnudo a las calles de Siracusa gritando: ¡Lo encontré! ¡Lo encontré! Virginia, por su parte, también con frecuencia “lo encontró”.
Y entonces se producía en ella, otro periodo de excitación, cuando terminaba un libro y lo daba a la imprenta. Pero en esos momentos, incluso se puede hablar de desesperación, de una desesperación violenta y agotadora, que le llevaba a caer realmente enferma. Tuvo una gran depresión, justo al terminar “Fin de viaje”, su primera novela (que en principio la había titulado “Melymbrosia”). Y la grave depresión de 1941, que la llevó al suicidio, sobrevino cuando terminó “Entre actos” (su última novela). Pero antes, en 1936, durante la corrección de las pruebas de “Los Años”, ella estuvo desesperada, profundamente deprimida. Escribió en su diario:
“El horror, es que mañana, después de este día de descanso, en el que el viento del norte ha soplado tan fuerte, desde que hemos llegado, yo no tenía ni nariz, ni oído, ni ojos, me tenía que contentar con ir y venir de mi despacho (lo tenía en una pequeña construcción en el jardín) a la casa, casi siempre desesperada. Después de esta jornada de descanso, tengo que recomenzarlo todo desde el principio y, llegar al final de estas 600 páginas de pruebas. ¿Por qué, o para qué? Nunca jamás, jamás”.
La forma en que los artistas experimentan, las diferentes etapas de la creación de una de sus obras, es interesante, opinaba Leonard. Numerosos escritores han vivido, aunque no tan intensamente como Virginia, los momentos de corregir las pruebas, como un auténtico horror y, todavía más, el soplo helado de la crítica, una vez el libro ya en las librerías. Por sensible que uno sea, llega el momento, en el que el autor, debe enfrentarse a sí mismo sin piedad. Debe pasar la etapa fatigante de las pruebas, conservando su sangre fría, poner punto final sin inmutarse, antes de poner al desnudo, al artista que lleva dentro, frente a sus lectores, para sumergirse en el baño, igualmente helado, de la publicación. Es en ese momento, cuando debe tener el coraje de decirse: “Editores, críticos, amigos, gran público, que decís lo que os viene en gana, sobre el libro y mi persona, Hippokleides no tenía remedio. Leonard profesaba una gran admiración por Hippokleides, del cual habla Herodoto en sus “Historias”. Hippokleides deseaba casarse con la hija de Clístenes (político griego que introdujo la democracia en Atenas) y, en la fiesta donde fueron reunidos todos los pretendientes, para seleccionarlos, él se dejo ir y, acabo por hacer el trompo, con la cabeza en la mesa, moviendo las piernas al aire. Cuando Clístenes vio aquella pierna agitándose en el aire, se acercó y le dijo: “Oh hijo de Tisandros, tu baile ha destruido tu casamiento”. E Hippokleides le respondió: “Hippokleides no tiene remedio”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.