Afganistán. “El Gran Juego”. XXII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Alexander Burnes consultó a los nobles más probritánicos, para ver si era posible persuadir a Dost Mohammad, de que aceptara una simple promesa de protección británica. Pero el resultado era inevitable. Diversos intermediarios – entre ellos Nawab Jabar Khan, el hermano anglófilo de Dost, que había enviado a su hijo a Ludhiana, para que fuera educado por Claude Wade – intentaron reunir a las dos partes, pero tanto el tono insultante y condescendiente, de la carta de lord Auckland, como su contenido, impidieron que el acuerdo fuera viable. Como el emir aseveraba, lo único a lo que jamás renunciaría, era a su “izzat”, su honor.
Los acontecimientos en Herat, de los que ya hemos hablado, fortalecieron la posición rusa, mientras que los británicos debilitaron la suya propia. El asedio a la ciudad se endurecía. Elfred Pottinger, que como sabemos estaba allí, escribió a Burnes: “El campo está arruinado, no hay semillas para la cosecha del año próximo, y en caso de que las hubiera, no hay ganado con el que trabajar. En verdad temo que los pobres chíis (de la ciudad) sean vendidos en masa como esclavos”.
Ivan Vitkevitch, estaba a punto de ganar la partida por Kabul. El 23 de marzo, Dost Mohammad visitó a Burnes por última vez. Había perdido la esperanza, le confesó a su amigo. “No deseo más apoyo que el de los ingleses, dijo el emir, pero me negáis todas las garantías y las promesas, y no hacéis el menor intento de interceder en mi favor”. Mientras tanto crecía la certeza, de que los persas y sus aliados rusos, pronto tomarían Herat, para después adentrarse en Afganistán. Vitkevitch le dijo al emir, que Rusia no reconocía las conquistas de los sijs en territorio afgano y que, para ellos, Peshawar, Multán y Cachemira, todavía pertenecían a Afganistán por derecho. Declaró que Rusia deseaba un Afganistán fuerte y unificado, al que protegerían, mediante la vía diplomática, como un muro infranqueable, contra la expansión británica hacia Asia Central. Admitió que Rusia estaba demasiado lejos, como para poder enviar tropas a corto plazo, pero prometió ofrecer dinero a Dost Mohammad, para luchar contra Ranjit Singh. En respuesta, Dost Mohammad se ofreció a enviar a su hijo, Mohammad Azam Khan, al campamento persa de Herat, para conocer al conde Simonitch, y ratificar en persona, las intenciones del emir, de establecer relaciones amistosas permanentes con Rusia.
Todo había terminado para Burnes. Ivan Vitkevitch había ganado. Ya no tenía sentido que el escocés (Burnes) prolongara su estancia en Kabul. El 25 de abril, él y Dost Mohammad, intercambiaron melancólicos mensajes de despedida. A la mañana siguiente, Burnes, Mohan Lal y Charles Mason, partieron de Kabul. Burnes y Dost Mohammad, no se volvería a encontrar, hasta tres años más tarde, y lo harían en unas circunstancias muy diferentes.
Herat era el objetivo final del viaja de Ivan Vitkevitch por Afganistán. Los príncipes barakzais de Kabul y Kandahar, lo acompañaron al campamento persa, donde, el 9 de junio, fue recibido con honores por el conde Simonitch (el embajador ruso en Teherán). Vitkevitch había logrado para Rusia, mas de lo que ninguno de sus superiores, había podido esperar. Su victoria sobre Burnes y los británicos era absoluta. Poco después, el Sha de Persia lo condecoró con la Orden del Sol y el León.
Burnes se percató de que, irónicamente, el fracaso de su misión significaba, que la necesidad de un experto en cuestiones afganas, era ahora más necesario que nunca. Sabía que la guerra con Kabul, era ahora posible, quizá incluso probable y, a pesar, de todas las dudas que surgían, acerca de los derroteros que estaba tomando la política británica, Burnes era lo suficientemente ambicioso, como para querer encontrarse al frente, de lo que lord Auckland estuviera planteando.
Auckland informó a Londres, de manera un tanto imprecisa: “Dost Mohammad Khan se ha mostrado tan hostil y ambicioso, que ha resultado imposible, entablar una relación satisfactoria con él”. Si el emir no cooperaba con los deseos del gobernador general, se hacía pues evidente, que debía ser reemplazado por Sha Shuja. Auckland pensaba que éste sería más razonable, y que actuaría en función de lo que le indicaran. Pero Auckland, aún no había decidido la forma exacta, en lo que esto iba a suceder.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.