Afganistán. “El Gran Juego”. XVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En el texto anterior, nos quedamos cuando Alexander Burnes, recibió a su primer invitado Charles Masson, con el cual discrepó en algunas cuestiones.
Sin embargo, había un asunto, en el que ambos estaban de acuerdo: la ocupación de Peshawar, estaba causando un desastre financiero a los sijs. Y se presentaba ahora la oportunidad de resolver el conflicto, por medio de una alianza, que reuniera a sijs, afganos y a la Compañía de las Indias Orientales (los ingleses) que podría frenar las aspiraciones rusas y persas.
El segundo hombre en llegar al campamento de Burnes, era un personaje de mucho más empaque, y llegó esa misma noche a lomos de un elefante, y precedido por una “magnífico grupo de caballeros afganos”. Se trataba del cuarto hijo de Dost Mohammad, Mohammad Akbar Khan, cuyo camino a la fama había comenzado tan sólo dos meses antes, cuando mató a Hari Singh en batalla. Akbar Khan era un joven fuerte, de cuerpo robusto y perfil aguileño. Heredó de su padre la valentía, el encanto, la crueldad y el sentido táctico. Más tarde, todas esas cualidades lo convirtieron en una célebre figura, de las canciones y poesías épicas afganas, en las que se le representaba como el Aquiles, el Roldán o el rey Arturo, de la épica dari (persa). De hecho, era tal el atractivo de Akbar Khan, que parece haber sido, una especie de icono sexual en el Kabul de 1830. Maulana Hamid Kashmiri, autor del “Akbarnama” (Libro de Akbar) – el primer poema épico escrito en su honor – dedica varias páginas a la descripción detallada, de los placeres en el lecho conyugal en la noche de bodas, con su hermosa esposa, la hija de Mohammad Sha Ghilzai.
Sin embargo, además de atractivo, Akbar era también un hombre complejo e inteligente, emocionalmente más inestable que su padre Dost Mohammad, pero más sensible a los placeres estéticos. El y Charles Masson se conocían muy bien, de hecho, el propio Masson, había estado bajo la protección de Akbar Khan, que mostró más interés que ningún otro, en las esculturas budistas de apariencia helena de Gandhara, excavadas por Masson, en los monasterios de de época kusán, en torno a Jalalabad. “Estaba cautivado por dos cabezas femeninas – escribió Masson en sus memorias – y me sentí tan complacido como sorprendido, por la buena predisposición del joven “sardar” (título de la nobleza) así como por el interés mostrado, por la naturaleza y el objeto de mis estudios. Además, se ocupó de recalcar en sus círculos más cercanos, el hecho de que no era un caza tesoros, sino que mi único propósito, era el avance científico, y observó que, mientras que los durranis honraban al soldado, los europeos rinden pleitesía al hombre de “illam”, al hombre de ciencia”. Godfrey Vigne, otro viajero europeo, describió a Akbar, como el más progresista, curioso e inteligente, de todos los nobles afganos.
Al día siguiente, Akbar Khan llevó a Burnes a Kabul, a lomos de un elefante. “Fuimos recibidos con gran pompa y esplendor… A la misión se le asignó, como lugar de residencia, un amplio jardín situado cerca del palacio, dentro del Bala Hisar de Kabul”, escribió Burnes. Por la mañana del siguiente día, Burnes fue recibido por toda la corte del emir Dost Mohammad, su viejo amigo. Como ya sucedió en su anterior viaje, el carisma de Burnes, pronto encandiló al emir. A pesar de que éste, acusó a los ingleses de hipocresía, por la ayuda prestada a Sha Shuja, y por haber guardado en secreto, el plan de Ranjit Singh, para tomar Peshawar, decidió no dejar que esto, interfiriera en su amistad con Burnes. Y éste último, volvió a sentir tanta admiración por su anfitrión, como la que le había suscitado en 1831. “El poder por lo general corrompe al hombre – escribió Burnes – pero en el caso de Dost Mohammad, ni el aumento de su poder, ni su nuevo título de emir, parecen haberle perjudicado. Al contrario, incluso parece estar más despierto y rebosante de inteligencia, que cuando le vi por última vez”. Y analizó con gran inteligencia este encuentro: “La tendencia innata de los afganos, hacia la fragmentación política, permanece inalterable, y sea quien sea el que ascienda al trono, un sadozai o un baraksai, su permanencia en él sólo estará garantizada, si no se infringen los derechos de las tribus y las leyes, que permiten su autogobierno”.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.