Baruch Spinoza. Fusión de las tres congregaciones. II
Aparentemente un número significativo, de los jóvenes miembros de la comunidad judía de Ámsterdam, no pensaban como Mortera (cuya postura expusimos en el anterior texto) y defendían, alto y fuerte, la idea de la salvación incondicional, de todas las almas judías. Esta tesis disponía de todo lo necesario, para seducir a los antiguos “marranos”, pues ella significaba, que incluso los judíos que habían practicado o practicaban todavía el catolicismo en tierras ibéricas – la falta más grave que se puede imaginar – tenían la seguridad de disponer de una plaza en el mundo del porvenir. Por eso los sermones de Mortera fueron perturbados por “algunos jóvenes”, ofuscados por su declaración según la cual, “los malvados que cometen pecados graves y, mueren sin arrepentirse, sufrirán el castigo eterno”. Estos “jóvenes rebeldes”, o “discípulos inmaduros” – corrompidos, sostenía Mortera, por “kabalistas” (forma empleado por él, quizá para designar a Aboab y, algunas otras personas) – pidieron a los jefes de la comunidad, proclamar un requerimiento, prohibiendo a Mortera predicar la doctrina del castigo eterno. Una tal doctrina, afirmaban los adversarios de Mortera, estaba peligrosamente próxima, de la creencia cristiana, en lo que concierne al castigo eterno.
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