Niels Bohr. Retrato como persona. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El lenguaje de Niels Bohr, solo es comprensible en su contexto. Desde sus primeros escritos, utiliza con frecuencia frases que son en si mismas una contradicción: órbitas que son niveles energéticos, corpúsculos que son ondas…
Otto Frisch (sobrino de la gran Lise Meitner) describe así en su biografía, la acción investigadora de Bohr:
“Cuando Bohr abordaba un problema real, un problema serio de la física, era una maravilla observarle. Siempre tuve la sensación de que se movía con la habilidad de una araña, en un espacio aparentemente vacío. Juzgando minuciosamente, cuanto peso podía sostener cada tema, el tenue hilo del argumento. Una vez explorado el campo, aumentaba su seguridad y, su habla retornaba vigorosa y llena de imágenes”.
De la estancia, en 1927, de físico Schrödinger en el Instituto, para discutir la idea de Bohr, sobre la emisión de radiación (luz) en la transición (“salto cuántico”) del electrón de un nivel a otro, es el siguiente diálogo, en el que se manifiesta su talante y, su paradójica capacidad de persuasión:
- Schrödinguer: Si vamos a tener que aguantar estos malditos saltos cuánticos, lamento haber tenido que ver con la teoría cuántica.
- Bohr: Pero nosotros le estamos muy agradecidos por ello y, por lo bien que perfilada que nos ha dejado la teoría. Pero usted debe comprender que…
Bohr empezó a ahondar como pionero, en los fundamentos lógicos y filosóficos, de la física. Actualmente, los filósofos de la ciencia, clasifican a los científicos en “realistas” (creen en la objetividad de la realidad externa) e “idealistas” (la realidad se crea en la mente humana y, se manejan modelos mentales de la realidad exterior). En esta clasificación, dos de los gigantes de la física del siglo XX son catalogados, Einstein como realista y Bohr como idealista: Esta tajante afirmación de Bohr lo confirma:
“Cuando se llega a los átomos, el leguaje sólo puede usarse como en poesía. El poeta tampoco se preocupa tanto de describir hechos como de crear imágenes”.
Las conversaciones de Bohr con sus colegas, pasan por distintos campos: de la física a la filosofía, de la religión a la genética, de la política al arte actual. Bohr se arriesga siempre, como un joven, en sus opiniones y, quizá no acierte siempre, pero es opinión generalizada, que siempre es sugerente y nada trivial. Su pensamiento transciende a la física, incluso a la propia ciencia y, penetra audazmente en otros ámbitos.
Bohr se adelanta a su época, en asumir la falta de certidumbre en la ciencia, que tal vez sea la característica esencial, de la física del siglo XX. Bohr estima que las aportaciones son desafíos, que generan nuevos problemas y, suele decir que sus afirmaciones, son realmente preguntas. Esta postura la expresa muy tempranamente, pues en la conferencia de recepción del Premio Nobel, señala su aportación, indicando simultáneamente, las cuestiones insolubles, que el modelo del átomo presenta. La epistemología de Bohr sobre la ciencia, se resume nítidamente, en su concepción de que lo que una teoría puede hacer es, a lo sumo, ser el instrumento para sugerir y guiar nuevos desarrollos, más allá de su marco original.
El talante abierto, será mantenido por Bohr durante toda su vida, apoyado por un sutil sentido del humor. Se cuenta que, en 1958, en plena madurez, asistió en Nueva York a una conferencia de Wolfgang Pauli sobre partículas elementales, un trabajo teórico que provocó contestaciones acaloradas, en algunos participantes en el coloquio. Bohr se levantó pausadamente y dijo:
“Todos estamos de acuerdo en que su teoría es extravagante. El problema que nos divide, es saber si es lo suficientemente extravagante, para que tenga alguna posibilidad de ser correcta”.
Difícil esbozar una semblanza de Bohr.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.