Spinoza. El conato. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Pero lo importante aquí, siguiendo al anterior texto, es que el sujeto reacciona de forma contraria al uno y al otro, con lo cual tiende en ambos casos a su perfección. Y esa tendencia a “su utilidad” es la tendencia a “conservar su ser”, lo cual equivale a lo que robustece o debilita en proporción a lo que sea, en cada caso, su reacción. Puesto que es tendencia va en dirección de la alegría, tiende a su perfección y a su felicidad.
Pero aquí introduce Spinoza un matiz típicamente suyo e importante, ya que afirma que la felicidad no está tan solo, como suele decirse, en la perfección alcanzada, sino que consiste en la experiencia misma de vivir y vivir bien, e incluso, de forma más radical, en la conciencia de que uno puede seguir viviendo: “la felicidad consiste en que el hombre puede conservar su ser”. Por todo ello está claro que la virtud más radical, o la raíz última de toda virtud no es otra que el mismo “conato”, el cual excluye por principio que el “suicidio”, como negación del propio ser, sea algo natural. De una u otra forma, dice Spinoza, tiene siempre alguna causa ajena al sujeto o propia conciencia, es decir, exterior y violenta.
“Puesto que la razón no pide nada contra la naturaleza, pide, pues, que cada uno se ame a sí mismo, que busque su propi utilidad (la que es verdaderamente tal) y apetezca todo aquello que conduce realmente al hombre a una mayor perfección y, en general, que cada uno se esfuerce, en cuando de él depende, en conservar su ser”.
Spinoza formula este texto, incluido en el mismo escolio (nota que se pone a un texto para explicarlo) el segundo paso o nivel de su doctrina, el cual define la acción moral, siguiendo la ética aristotélica, por su relación con la razón. En este momento, sin embargo, no alude explícitamente todavía, como lo hará después, a que esa acción esté realizada “según la guía de la razón”, sino que se limita a señalar dos hechos: primero, que la razón “pide” (postulet) al individuo, en el sentido de un poder “orientador” y no, como decían los medievalistas, “despótico”. Segundo que la razón, por ser la facultad de las nociones comunes, o sea verdaderas y ciertas y, por tanto “razón recta” (recta ratio), no desvía al hombre de su camino, sino que le muestra “su propia utilidad”, es decir, que lo orienta “a una mayor perfección”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.