“Soirées”. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En las veladas en Argyll House, residencia de Sybil, Lady Colefax, según Leonard Woolf, no había más que leones “first class”, políticos destacados, celebridades literarias, así como personas elegidas, porque podían billar por encargo y, el ejército de hombres y mujeres, que sabían muy bien como debían vestirse, para tales ocasiones y, cuya única cualidad era esa, ser invitadas a este estilo de “party”.
Por su parte, Lady Ottoline Morrell no trataba a sus “leones” como Sybil, la atmósfera del zoo de Bedford Square, era mucho más informal, que la de Argyll House. Leonard no asistía mucho a esos eventos, pero Ottoline, le insistía una y otra vez, para que lo hiciera. En una ocasión le dijo que este día tenía que estar presente, porque uno de los poetas georgianos que no conocía, asistiría y, estimaba que a él le interesaría. Su nombre era algo así como Ralph Hodgson y, Ottoline pensaba que le gustaría, ya que era un hombre recio, taciturno, que había escrito un poema sobre un bulldog y, otro sobre un toro. Cuando Leonard y Virginia llegaron, el poeta del bulldog ya estaba allí, recio y taciturno, con Yeats y James Stephen, autor del libro de éxito “The Crock of Gold”. Nada sucedió de forma normal. Yeats se sentó en el lugar de honor, gruñón y silencioso y, Virginia fue colocada de oficio a su lado, por una Ottoline autoritaria, que casi le ordenó, poner de mejor humor a Yeats. James Stephen era uno se esos irlandeses muy irlandeses, que se creían estar siempre en escena y, no paraba de hablar, con ese acento monótono, que a uno le hace pensar sin remedio, en la lluvia que irriga constantemente, los lagos de Killarney. Se vanagloriaba de formar parte, de la alta burguesía literaria, lo que no podía sino deprimir e irritar a Leonard, quien pensaba que, a Yeats, le debería estar ocurriendo lo mismo.
En un momento dado, Stephen se desencadenó, lanzándose a una improvisación poética sobre los insectos, a los que llamaba “pequeñas criaturas”. Y al final de la enésima alusión a esas “criaturas”, Leonard no fue capaz de contenerse y gritó: ¡Me importan un rábano! Ottoline abrió sus ojos de para en par y, la atmósfera se hizo densa. Pero nada podía hacer callar a Stephen. Finalmente el otro irlandés, el hombre “recio y taciturno”, comenzó a descongelarse, gracias a las hábiles atenciones de Ottoline y Virginia. La velada terminó por parecerse, a lo que Ottoline deseaba que fuera: una reunión íntima, con momentos intensos y conversaciones interesantes, a propósito de libros y escritores y, del arte en general.
Era el tipo de conversaciones, que hacía tan diferente a Bedford Square de Argyll House. Era también la clase de lugar, donde todo podía explotar de forma imprevista. Lo que se produjo cuando se abrió la puerta y, la duquesa de Portland hizo su aparición. Manifiestamente, Ottoline no la esperaba. La duquesa observó a los reunidos – siempre según Leonard – como si fueran “pequeñas criaturas”, antes de instalarse en un sofá al lado de Ottoline y, comenzó a hablarle, de algo que sólo a ellas concernía. El silencio se hizo entre las pequeñas criaturas. Stephen personalmente, no emitió ni el más leve sonido, ni el menor rumor. Una duquesa de Portland, es capaz de hacer callar, incluso a una cigarra. Finalmente, Ottoline se levantó, para acompañar a su cuñada hasta la puerta. Y cuando los invitados escucharon cerrarse la puerta, la velada había perdido todo su sentido.
Pues eso
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.