Niels Bohr. Retrato como persona. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Un retrato de Niels Bohr, puede componerse desde la interpretación de sus fotografías, en diversas épocas y ambientes: encendiendo su inseparable pipa, explicando sus ideas ante una pizarra llena di signos, charlando animada y vivamente con colegas o con alguna figura de la época. Principalmente son llamativas las cejas, pobladas y desordenadas.
Niels Bohr no presenta un aspecto, especialmente refinado. Es corpulento, de mediana estatura, cabeza grande y gruesas manos. Cuando utiliza las cerillas, para encender continuamente su pipa, muestra unos dedos regordetes, no demasiado hábiles. En casi todas las fotografías, posa en actitudes muy simples, indicando una cierta despreocupación, por el resultado estético. Muestra actitud de modestia o timidez, incluso en los actos honoríficos o tras ser laureado.
Cuando Bohr da clases o conferencias, suele apoyar las palmas de la mano en la mesa y, explica con vigor y espontaneidad: se encuentra cómodo en este escenario y, rápidamente, se deja llevar, por el flujo de su propio discurso. Hasta en la cima del éxito, es frecuente verlo yendo y viniendo en bicicleta, desde su casa al Instituto de Física, como un danés más.
El retrato de Bohr como científico, es tarea compleja. El físico Gamow que lo conoció personalmente, advierte: “Es prácticamente imposible, describir a Bohr, a una persona que nunca trabajó con él”. Un primer rasgo, destacado por todos, de la personalidad de Bohr, es la lentitud de su pensamiento, que en él se asocia a una gran profundidad. Es habitual que, en las conferencias, organizadas en el Instituto de Física, el ponente sea aplaudido al final. Todos parecen haberlo entendido, todos menos Bohr. Que con sus famosos:
“Sí, pero… usted tiene que comprender que…”
Interpela al conferenciante y le expone sus dudas. En este intercambio dialéctico, suele resultar que lo que Bohr ha comprendido, es absolutamente distinto, a lo que el expositor pensaba. Y, al final, suele resultar que la interpretación de Bohr, es la correcta.
Asociada a esta lentitud de Bohr, se cuentan numerosas anécdotas:
- Bohr es un fumador de pipa. Tal vez por su lentitud en su uso, se le apaga constantemente, lo que implica un consumo excesivo de cerillas… que debe proporcionarle el compañero de turno (Algo igual le sucedía a George Edward Moore, importante filósofo británico, profesor de filosofía en la Universidad de Cambridge).
- En una ocasión, tras una cena en su casa con colegas, en la sobremesa les queda pendiente de completar un crucigrama. Los otros se dan por vencidos, pero él no y, despierta a sus invitados pasada la medianoche, para decirles que la ciudad industrial ingles de 7 letras que termina en “ich”, es Ipswich.
El método de trabajo de Bohr, sigue las pautas iniciadas en su juventud. Después de su tesis y, de la publicación de su primer trabajo en solitario (1913) - del cual Planck dijo que estaba escrito en un estilo nada simple, pero que los argumentos principales eran asequibles para todos – su estilo de trabajo preferido, es la discusión en equipo, el debate colectivo. Un Sócrates revivido proponiendo problemas con gesto suave, elevando cualquier argumento a un plano superior, excitando las fuerzas internas del alumno y, abriendo siempre nuevas perspectivas de pensamiento. Es un diálogo en el que todos admiten, que Bohr es el más grande, lo que le permite hablar con entusiasmo como uno más, preguntando y autopreguntándose.
Es conocido que, al plantear un nuevo problema, es esencial para él, la necesidad de diálogo – mañana, tarde y a veces parte de la noche – con alguno de sus colaboradores.
Pues eso.
(Continuará).
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.