El primer “ocho mil”. Antecedentes. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En 1785, diez años más, el propio impulso de la idea, Horace Bénédict de Saussure, que contaba ya con 45 años de edad, decidió aportar su personal granito de arena y, acompañado por 9 guías, protagonizó un nuevo asalto a la montaña, que resultó tan infructuoso como los precedentes. La experiencia le sirvió, al menos, para familiarizarse con el universo de los glaciares.
Y llegamos así a 1786, año en definitivo en el relato que nos ocupa. El 8 de junio dos grupos de guías, subiendo por itinerarios distintos, se encontraron en el Dôme du Gôuter (4.304 m.), por donde hoy atraviesa la vía normal al Mont Blanc, solamente 500 m. más abajo de la cima, pero el mal tiempo les obligó a regresar. A todo menos a uno, un buscador de cristales de roca, que se había incorporado en el último momento, a una de las partidas, casi en contra de la voluntad de los guías. Estimulado por su oficio, se demoró examinando unos peñascos algo apartados y, cuando quiso reunirse con los demás, perdidas sus huellas en la nieve, no los encontró. Descendió en solitario por el Grand Plateau, donde se desató una tormenta y le sorprendió la noche, que tuvo que pasar en medio de los hielos, acurrucado en su saco, a 4.000 m. de altitud. Pero no murió. Y al día siguiente pudo bajar al valle, para dar a conocer a todo el mundo, los detalles de su solitaria aventura. Así que Jacques Balmat, cristalero y cazador, nativo de Chamonix, fue el primer hombre que sobrevivió a una noche en lo alto de un glaciar. Con su accidental hazaña, quedaba destruida para siempre, aquella leyenda que paralizaba a los montañeros. En lo sucesivo, la ascensión al Mont Blanc, podía acometerse en dos días o más, si eran necesarios. Y es aquí donde nos preguntamos lo siguiente: de haber perecido Balmat en esta ocasión ¿cuánto tiempo se habría retrasado la conquista del Monta Blanc?
Lo cierto es que, superada esta primera experiencia, el gigante de los Alpes fue doblegado en sólo dos meses por el propio Balmat y, un segundo y fundamental protagonista, también oriundo de Chamonix. El doctor Michel Paccard, hijo de un notario, había estudiado su carrera en Turín y en París. Igual que Saussure, era un naturalista apasionado y, aunque más tarde que el ginebrino, había incubado el mismo sueño de leer su barómetro, en la cumbre del Mont Blanc. Paccard se había hecho montañero a remolque de sus ambiciones, explorando las posibilidades del coloso de los Alpes y, aprendiendo a vivir con la roca, el hielo y el viento por compañeros. Su asociación con Balmat, que poseía un extraordinario sentido de los itinerarios glaciares, no pudo ser más oportuna y decisiva. Ambos hombres se necesitaban para asegurar el triunfo, sin estorbarse en sus objetivos. Los dos eran jóvenes, vigorosos y, tenían ya experiencia, en los vericuetos de la montaña. El médico, sin interés pecuniario en la aventura, quería ser el primer científico en pasearse por la cima, de modo que el cazador, dispuesto a todo para ganarse la recompensa ofrecida por Saussure, no tendría que compartirla con nadie.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.