Los godos. Leovigildo. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Podemos considerar la muerte de Atanagildo en el año 567, en Toledo, como el inicio de la monarquía toledana y, a Leovigildo como el auténtico creador de un reino godo hispano, que pervivió, con altos y bajos, hasta la invasión de los árabes en el año 711. Un reino que, en parte, surgió de la experiencia adquirida durante el siglo que precedió, a la consolidación de la monarquía en Toledo, pero que nunca se vio libre del todo, de la carga que significaba el pasado. Pero Leovigildo no heredó, como a veces se ha pretendido, un dominio completo de la Península. Todo lo contrario, él mismo tuvo que emprender con fuerza, el objetivo de la unificación territorial, que fue costosa y nunca alcanzada.
Cuando Leovigildo comenzó su empresa, existía ya la Marca Hispánica y un reino suevo en el noroeste. Igualmente escapaban a su dominio, muchas regiones de la Bética y la Lusitania. En la Tarraconense, sólo contaba con la fidelidad de algunas ciudades, de los valles medio y bajo del Ebro y, escapaban totalmente de su control, las regiones más septentrionales de la misma. Así como la mayor parte de la cartaginense. Los territorios que sí dominaba, tampoco eran étnica, cultural, política y geográficamente una unidad, sino que, desde hacía mucho tiempo, vivían de manera autónoma, sino independiente, existiendo una mezcla de poblaciones de distintos orígenes, culturas y religiones, con los más variados intereses.
Leovigildo luchó por dar una entidad al reino, bajo el principio de la participación de romanos e hispanos y, por cohesionar a los godos – dispersos en distintas provincias – con las bases de un pasado común, que ya cumplía casi dos siglos, desde que traspasaron el “limes” romano. Hasta entones habían funcionado, como una población de corte militar, con la que los hispanos tenían que contar, ya que dominaban en algunas regiones y, pretendía extender su dominio a otra muchas. Pero seguían siendo, los godos, una “natio” extranjera, que compartía la Península con otros muchos poderes que – independientemente de la Marca Hispánica – estaban compartimentados en decenas de dominios independientes y, controlados por las aristocracias provinciales. Peo, aunque la empresa no era fácil, jugaba a su favor la diversidad de las situaciones peninsulares. Había regiones más ricas y otras más pobres, ciudades más poderosas que otras, regiones sin apenas estructura urbana, centros en abierta competencia económica y territorial y, otros muchos, difíciles de controlar. Pero en el otro extremo, había una serie de tareas, que hacían necesaria la cooperación y, el establecer acciones conjuntas de largo alcance, como mantener las redes de comunicación y el comercio, unirse contra el bandidaje, defenderse de las presiones de los más fuertes… etc. Por lo tanto, la vuelta a un poder central, podía suponer para muchos una ventaja, siempre que no se repitieran los vicios, de la antigua administración romana.
Leovigildo (569-586) significó un cambio importante dentro del Estado, pues llegó a Toledo, una vez fallecido Atanagildo, después de ser elegido corregente por su hermano Liuva, para entonces elegido rey en Narbona. Ello supuso la ruptura, con la tendencia de la facción hispana de autogobernarse, frente a los líderes de la Galia, pues tanto Liuva como Leovigildo, pertenecían a una de las familias más poderosas de Narbona, que había conseguido mantenerse, frente al empuje de los francos. La partición de poder, significaba la permanencia de Liuva en la Aquitania y, la marcha de Leovigildo a ocuparse, de las posesiones de la “gens gothorum” en las regiones hispánicas. El maltrecho ejército godo, dividido en facciones, aceptó su llegada como una solución a la guerra civil de la que acaba de salir y, a la que el nuevo rey era totalmente ajeno. No se equivocaron, pues su gobierno estuvo siempre dirigido, a engrandecer y ampliar los dominios en las provincias y, también dar cuerpo a un incipiente Estado, que había quedado muy maltrecho, intentando también dominar la fuerza de las facciones nobiliarias godas, cuyos intereses habían causado tanto daño.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.