“Soirées”. I
Nos explica Leonard Woolf en su inmenso “diario”, que cuando la salud de Virginia, llegó a ser algo más estable, comenzaron a disfrutar de una vida más mundana, lo que no fue sencillo. A Virginia le gustaba “el gran mundo”, la manera en que se desarrollaban las “veladas”. Cuanto más suntuosas eran, más las apreciaba. Su actitud ante ellas, no era simple, como todo lo que la concernía. La idea de participar en una, la excitaba mucho, le subía la temperatura de la mente y del cuerpo. Pero, de hecho, ella prefería soñar con ellas, más que asistir. Y, a veces, a causa de su vulnerabilidad, debido a una eventual espina, o a una flecha lanzada (o no) por la suerte, se ausentaba, como si hubiera asistido a la escena final del “Crepúsculo de los dioses”, como si hubiera visto y, sobre todo, oído, al mundo derrumbarse en llamas a su alrededor.
- Publicado en Tribuna Libre