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El primer “ocho mil”. Antecedentes. III


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Naturalmente estas descripciones, abundantes en lo estético, que hemos escrito, no se ajustan por completo a los cánones actuales, muy alejados de los que imperaban, cuando Horace Bénédict de Saussure llegó por primera vez al valle de Chamonix en 1760. De hecho, es a él a quien debemos la conquista de este nuevo concepto, en el que la visión timorata de las alturas, es sustituida por la del desafío. Es precisamente este impulso, lo que Saussure nos transmite con sus palabras: “Desde la infancia he sentido la pasión más encendida por las montañas”. En su corazón, solo Dios sabe cómo y por qué, había prendido la llama de un deseo virgen en los hombres: realizar una ascensión verdaderamente alpina. Pero era éste un sentimiento que no podía confesar abiertamente, sin correr el riesgo de que lo tomaran, por un insensato o un loco. ¡Qué desvarío pretender escalar el Mont Blanc porque sí, por puro capricho! De modo que el joven ginebrino, tuvo que recurrir a subterfugios, que dieran un sesgo razonable a sus intenciones.

Saussure tenía solamente 20 años, la edad de los sueños infinitos, cuando experimentó definitivamente la llamada de la montaña. Hasta entonces había recorrido las pequeñas elevaciones que rodean Ginebra, su ciudad natal. En los días claros podía contemplar, la cúpula de hielo y nieve, de la soberana de las cumbres de los Alpes, refulgiendo en la distancia, sobre los espesos bosques de la región ginebrina. Impresionado por su magnífica estampa y “ardiendo en deseos de verla de cerca”, inició a pie su camino y, tras muchos días de marcha, llegó a Chamonix, al pie del Mont Blanc. Para apreciar mejor la disposición de sus glaciares, decidió ascender al Brévent, excelente mirador situado al otro lado del valle.

Aquel día, 24 de julio de 1760, comenzaba su gran aventura, su irrazonable y prolongada historia de amor con el Mont Blanc. Más tarde admitiría que en esos instantes “vi su cima como absolutamente inaccesible”. Pero es propio del enamorado, esperar contra toda esperanza y, Saussure amaba ya sin remedio aquella cumbre. Por absurdo que fuese, abrigaba hacia ella una ternura desbordante, entreverada de secretos anhelos de conquista. Quería creer que algún día su sueño se haría realidad, pero ¿imaginaba que para ello habrían de transcurrir 27 años?

Botánico, físico, geólogo y matemático – de esta última disciplina era ya profesor a los 22 años – Saussure pertenecía a la sociedad acomodada de Ginebra. Estaba en condiciones de ofrecer una recompensa, a quienes encontrasen una ruta practicable, para alcanzar la cima del Mont Blanc. Y eso fue lo que hizo, nada más descender del Brévent, mediante la publicación del correspondiente bando en Chamonix, prometiendo además “pagar las jornadas de quienes realicen tentativas infructuosas”. Pero ¿y el motivo? ¿Por qué un hombre de su condición quería ir, contra toda lógica, allá arriba, asumiendo todo tipo de peligro desconocidos?

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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