En 1677, poco después de la muerte de Spinoza, Jean-Maximilien Lucas, protestante de origen francés refugiado en Holanda, comenzó escribir “La vie et l’eprit de monsieur Benoît Spinoza”. Lucas tenía más o menos, la misma edad que Spinoza y, le había conocido personalmente. Por su parte Johan Köhler (o Coleurs, nombre bajo el que se le conoce hoy), pastor luterano en Dusseldorf, que vivió en la Haya, a fines del siglo XVII y, que fue el otro primer biógrafo de Spinoza, aporta un par de hechos suplementarios: “Spinoza, este filósofo cuyo nombre hace tanto ruido en el mundo, era de origen judío. Sus padres, poco después de su nacimiento, lo llamaron Baruch. Nació en Ámsterdam, el 24 de noviembre, del año 1632”. Al contrario de Lucas, que le tenía estima a Spinoza y admiraba sus ideas (le llamaba “ilustre amigo), Colerus, como la mayor parte de sus contemporáneos, sentía una cierta hostilidad hacia el filósofo, lo que no le impidió sin embargo, esforzarse en construir una biografía, tan exacta y completa, como le fue posible.