Afganistán. “El Gran Juego”. XIX
Lord Auckland comenzó pronto, a aceptar la opinión de su secretario Claude Wade, de que, por el bien de los sijs – y, por tanto, de los británicos – era preferible que Afganistán permaneciera fragmentado, antes que ayudar a Dost Mohammad a consolidar su gobierno, y aceptarlo como aliado. “La existencia de un estado mahometano muy poderoso en nuestra fronteras – escribió Auckland a Londres – podría convertirse en una fuente constante de inquietud o, incluso, de serio peligro. Por el contrario, una miríada de jefes, que se reparten el poder y que, por su posición y circunstancias, están dispuestos a buscar nuestra amistad, son mucho más seguros y deseables como vecinos”.
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