Afganistán. “El Gran Juego”. XIV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Cuando Alexander Burnes llegó a Peshawar, en octubre de 1837, no le gustaron los cambios que había sufrido la ciudad, desde su última visita. Señaló que Paolo Avitabile, uno de los antiguos oficiales napoleónicos de Ranjit Singh (el líder de los sijs), era en aquel entonces el gobernador de Peshawar, “y que los sijs lo habían cambiado todo: habían convertido, muchos de los hermosos jardines de la ciudad, en acantonamientos; habían cortado los árboles; y el barrio entero era ahora, un gran campamento militar. Las costumbres mahometanas se habían desvanecido, a todas horas y en todos los lugares, se oía el alboroto del baile y de la música”.
Burnes también indicó que, a pesar del enorme ejército de ocupación, acuartelado en el valle de Peshawar, a los sijs les había resultado muy difícil, gobernar a los rebeldes pastunes, que habitaban la región. Habían sido tantos los levantamientos tribales, los asesinatos y las insurrecciones en la ciudad y sus alrededores, que la ocupación de Peshawar, se había convertido en una importante pérdida de recursos, para los sijs. Burnes creía que esto era una buena noticia, para su misión, ya que sólo podía contribuir, a que Ranjit Singh estuviera más dispuesto a llegar a un acuerdo con Dost Mohammad, sobre el futuro de la ciudad y, con suerte, permitir que Burnes reconciliara a los dos rivales, y consiguiera que ambos, entraran en una alianza con los británicos.
La decisión de enviar de nuevo a Burnes a Kabul, había sido responsabilidad del nuevo gobernador general de la India, lord Auckland, que se había alarmado, al leer los informes de John MacNeill (embajador británico en Teherán), sobre la creciente actividad de los rusos en Persia, y sus supuestas ambiciones en Herat y el resto de Afganistán. Por su parte, William Macnaghten, secretario político de Auckland, obsesionado con el protocolo, ordenó que, dada la dudosa legitimidad de los gobernantes barakzais de Kabul – que, según Calcuta (sede del gobernador general de la India) habían usurpado el trono del verdadero monarca de Afganistán, Sha Shuja – la misión de Burnes, debía estar sometida a una “economía estricta”, que debía viajar con menos pompa, y muchos menos regalos, que la de Elphinstone en su día. Con el recuerdo de la opulencia de los regalos, llevados a Sha Shuja por la embajada anterior, aún presente en entre los afganos, tales condiciones no auspiciaban nada bueno, para la misión de Burnes.
Tampoco lo era, la noticia de un estallido de una batalla campal, entre sijs y afganos. La batalla de Jamrud, del 30 de abril de 1837, constituye el punto álgido, de tres años de hostilidad creciente, entre los afganos y los sijs, que había comenzado tras la ocupación de Peshawar por Ranjit Singh. Tan pronto como Dost Mohammad, logró rechazar la invasión de Sha Shuja en 1834, pasó a centrarse en liberar la capital de invierno afgana (Peshawar) del control sij. En febrero de 1835, bien fuera por devoción religiosa, por estrategia política, o por una mezcla de las dos, consiguió que los ulemas de Kabul, le adjudicaran el título islámico de “amir al-muminim”, príncipe de los creyentes (el líder talibán, el mula Omar, adoptó este mismo título en 1996, ya que tomó como referente explícito, para la fundación del Emirato Islámico de Afganistán, a Dost Mohammad).
Después de su entronización, el emir Dost Mohammad, decidió emprender la yihad. Salio de Kabul hacia Peshawar, con un ejército de setenta mil hombres, compuesto por caballería e infantería real, así como por fuerzas tribales irregulares. La declaración de la yihad contra los sijs, justificaba la toma de poder de Dost Mohammad. Nunca se había atrevido a reclamar, el título sadozai de sha. Ahora, sin embargo, podía justificar su gobierno, apelando a la suprema autoridad coránica, y al cumplimiento de su deber, como buen musulmán, de librar una guerra santa contra los infieles, y así – al menos en teoría – inauguraría una edad de oro islámica de pureza y piedad, que duraría milenios. Al mismo tiempo, Dost Mohammad utilizó su liderazgo de la yihad, para reivindicarlo también, sobre todo el pueblo afgano.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.