Afganistán. “El Gran Juego”. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A pesar de su admiración por Dost Mohammad, Alexander Burnes dejó constancia de los rumores que había oído, sobre la juventud turbulenta y disoluta del mismo. Algo que al acceder al trono dejó atrás.
Burnes no sólo pensaba que Dost era una persona extraordinaria, sino que también tenía muy claro, que era la apuesta mejor de Gran Bretaña, para conseguir influencia en Afganistán. En su opinión, los sadozais habían dejado pasar su momento y, como Dost Mohammad tenía tan buena disposición hacia los británicos, era perfectamente plausible formar una alianza, “sin grandes desembolso de fondos públicos”.
Era claramente una estrategia, radicalmente diferente a la que Claude Martin Wade, llevaba tiempo sugiriendo a Calcuta, por lo que sólo le quedaban dos opciones: aceptar la opinión de un joven, que había pasado muy poco tiempo en la región pero que, a diferencia de él mismo, había visto Kabul con sus propios ojos; o bien imponer su autoridad, como experto en asuntos locales con veinte años de experiencia, y continuar respaldando a Shah Shuja, como la mejor baza de Gran Bretaña. Eligió la segunda opción. Wade presento sus argumentos de tal manera, que sabía de antemano que el triunfo en Calcuta sería suyo.
Mientras tanto, Shah Shuja estaba preparando una expedición militar a Afganistán, para reconquistar su trono, con la sanción directa aunque secreta de Lord Bentinck, gobernador general. Poco antes, en 1828, el gobernador general se había negado a recibir a Shah Shuja. Pero ahora, con la amenaza persa sobre Herat, y la determinación de Lord Ellenborough, de oponer resistencia a los rusos, el equilibrio político había cambiado. Bentinck decidió que, aunque la posición británica oficial seguiría siendo de aparente neutralidad, ayudaría discretamente a Shah Shuja a organizar su expedición.
El mismo mes en el que Dost Mohammad, recibía cordiales mensajes de Bentinck, en los que le agradecía la hospitalidad prestada a Burnes, el nuevo secretario privado de Bentinck, William Macnaghten, apoyaba la contrarrevolución sadozai, frente al gobierno barakzai de Kabul.
Macnaghten, el hombre encargado de la nueva operación secreta, era un erudito orientalista, y antiguo juez de un tribunal del Úlster, que había sido ascendido para dirigir la burocracia de la Compañía de las Indias Orientales. En principio protegido por Henry Russell, el ambicioso residente de Hyderabad, era ampliamente respetado por su inteligencia, pero a muchos les disgustaba su pomposa vanidad, mientras otros ponían en duda, si este “oficinista” era el adecuado, para desempeñar su nuevo cargo de consejero jefe y secretario personal del gobernador general. Además creía conocer Afganistán, mucho mejor de lo que en realidad sabía, aunque nunca había estado en la zona, y todos sus conocimientos provenían, de los informes que había leído de Claude M. Wade. También conocía a Wade desde hacía muchos años, lo apreciaba, confiaba en su juicio, y aprobaba su forma más tradicional de pensar y actuar.
Es así, como nació una política británica hacia Afganistán, peligrosamente contradictoria y de doble rasero: con Burnes haciendo amistosas propuestas a Dost Mohammad ya los barakzais, mientras otra parte de su gobierno apoyaba secretamente, un levantamiento contra ellos. El paso del tiempo demostraría, no sólo la hipocresía de este planteamiento, sino también el desastre diplomático que supuso, y que pronto estaría afectando a todos los involucrados.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.