Afganistán. “El Gran Juego”. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
De las dos operaciones encubiertas de inteligencia, que provocó el mensaje de Lord Ellenborough, la primera, dirigida por el teniente Arthur Conolly, pretendía verificar la viabilidad, de la travesía a pie desde Moscú hasta la India. Conolly viajó a Oremburgo, en la frontera rusa, donde se disfrazó, y empezó su camino a través de Bujará y Afganistán, hacia Herat y el Indo. El recorrido resultó ser perfectamente factible, y mucho más fácil, de lo que Conolly había imaginado, ya que tardó en completarlo poco más de un año a paso lento.
La segunda fue una operación mucho más ingeniosa y elaborada. Consistía en viajar en dirección opuesta, para recopilar información sobre el Indo, ya que lord Ellenborough creía, que éste podría convertirse en la principal ruta de transporte británica en Asía Central, del mismo modo que el Ganges, con anterioridad, había abierto el corazón del Indostán, al comercio británico. Ellenborough, al igual que muchos utilitaristas de su generación, creía profundamente en la naturaleza civilizadora de los intercambios y del comercio. Él pensaba que los productos manufacturados ingleses, eran la primera línea de defensa, contra los avances rusos. El “tweed” escocés y el algodón de Manchester, ayudarían a transmitir las ideas de Albión y, de alguna manera, reforzarían la determinación afgana, de resistir ante la tiranía zarista de San Petersburgo. Por lo tanto, propuso enviar río arriba, un barco tripulado por un equipo de dibujantes, cartógrafos e inspectores navales y militares de incógnito. Más tarde se decidió ampliar la expedición, para que un oficial del servicio secreto británico, “disfrazado de comerciante”, pasara de Afganistán a Bujará, y evaluara las posibilidades, de “introducción de manufacturas inglesas en Asia Central.
Cuando lord Ellenborough, tuvo que pensar en un “oficial capaz y discreto” para dirigir la expedición, su primera elección fue el hermano de William Fraser, el artista, escritor y espía James Baillie Fraser que, diez años antes, había viajado a lo largo de toda Persia, donde había hecho amistad con el Sha, y hablaba perfectamente farsi. Pero Fraser estaba ocupado en ese momento, tratando de salvar sus propiedades familiares en Inverness. Do modo que Ellenborough optó por un desconocido y ambicioso lingüista de veinticinco años, protegido de Eldred Pottinger, que acababa de ganar un premio, por cartografiar el primer mapa de la desembocadura del Indo, desde el célebre realizado por Alexander Dalrymple en 1783. El nombre de este joven oficial, era Alexander Burnes.
Alexander Burnes, el hombre elegido para dirigir dicha misión, el cuarto hijo del preboste de Montrose, era un joven escocés de las Highlands, tenaz, enérgico y muy ingenioso. Tenía el rostro ancho, la frente amplia, los ojos profundamente hundidos, y una expresión burlona en su boca, que delataba, tanto su carácter curioso, como su sentido del humor, rasgo que compartía con su primo, el poeta escocés Robbie Burns. La educación clásica que recibió en la Academia de Montrose, despertó en él la obsesión por Alejandro Magno, que lo llevaría a Afganistán y al Indo por primera vez.
Enviado a la India con su hermano mayor James, a la edad de dieciséis años, con sólo veintiséis, y tras haber pasado una década allí, hablaba con soltura farsi e hindustaní. También había perfeccionado el estilo de su prosa, claro y vivo, y desarrollado su antiguo interés por la historia. Su primera publicación – “En el Indo” – se preocupaba más de los precedentes helenísticos, que de la situación política del momento.
Al igual que muchos otros protagonistas del Gran Juego después de él, la inteligencia y la habilidad de Burnes con los idiomas, le valieron una rápida promoción. Y a pesar de venir de una familia relativamente modesta, de una parte bastante remota de Escocia, ascendió más rápido que cualquiera de sus contemporáneos, más ricos y con mejores contactos que él. También contó, con las recomendaciones de su talentoso hermano James, y con las conexiones que ambos tenían, como miembros relevantes de la masonería.
Es en un libro escrito por James Burnes, donde se asocian por primera vez a los masones con los templarios, y con la capilla de Roslyn, cerca de Edimburgo. Dicha obra – según William Dalrymple – es la precursora de una ola de despropósitos muy populares, tales como “El enigma sagrado” y “El código Da Vinci”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.