A finales del siglo XIX, había regimientos de voluntarios escoceses, no solo en abundancia en el Canadá, sino también en Australia (el Sydney de Fusileros Escoceses y el Melbourne Escocés), en Nueva Zelanda (el Canterbury Escocés), en Suráfrica (El Transval Escocés y el Cape Town Highlanders) e, incluso en la India, donde la existencia del Calcuta Escocés, denotaba la peculiar habilidad de los escoceses de ultramar, para combinar la asociación comercial, con algunos de los elevados propósitos públicos, en este caso, la defensa del rajá. Muchos de estos regimientos coloniales, iban a reaparecer en uno u otro de los lejanos frentes, abiertos por el Imperio británico contra sus enemigos, durante la PGM. Los regimientos escoceses iban a estar todos. Y a los regimientos de voluntarios ya existentes – que ahora son territoriales- el brote de patriotismo escocés en 1914, añadió una nueva ola de unidades aficionadas: los batallones de Kitchener. El nombre viene de la llamada hecha por Kitchener, el recién nombrado ministro de la Guerra, en los primeros días del conflicto, pidiendo “cien mil hombres”, para servir durante tres años. La respuesta de los escoceses fue tan entusiasta que, con el primer contingente de voluntarios, se pudo formar una división completa, la 9ª, sacrificada rápidamente en la matanza de Loos, en septiembre de 1915. Un segundo contingente escocés, hizo nacer enseguida otra, la 15ª, que también sufrió pérdidas en Loos, aunque sus mayores sacrificios, los hizo más entrada ya la guerra.