Robespierre. Comité de Salvación Pública. El “Terror”. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Idéntico prestigio al de Danton tenía Camille Desmoulins. Al día siguiente de la promulgación de la ley de 14 de Frimario (4 de diciembre) Desmoulins lanzó su periódico “Le Vieux Cordelier”. Los dos primeros números, aprobados por Robespierre, se ocupaban de los hébertistas y de la descristianización, pero Desmoulins fue criticado en el Club Jacobino el 24 Frimario, por haber escrito con simpatía sobre los girondinos, que “mueren como republicanos, como murió Bruto”. Y Robespierre volvió a verse impulsado, a defender a su amigo y revolucionario. Sí, había estado demasiado próximo a Mirabeau y a los Lameth: “Conocí a Camille en la escuela, era entonces un joven con talento y sin un juicio maduro. Desde entonces, Camille ha desarrollado el amor más ardiente por la república… no debemos fijarnos solo en un aspecto de su vida moral, se debe tomar en conjunto; debemos examinarla como un todo”. Recordaba su valentía, al defender una república en 1788, en “La Philophie au peuple français”: “en aquella época, en lo más profundo de las provincias, me enteré con un placer secreto, que el autor era uno de mis compañeros de colegio”.
Pero el tono del tercer número de “Le Vieux Cordelier, del 25 Frimario (15 de diciembre), era ya distinto, pues estaba repleto de sátiras y alusiones clásicas, y planteaba la desagradable cuestión, de si los regímenes despóticos tenían por política, que “es menester ejecutar a varias personas inocentes, en lugar de permitir que una persona culpable quede libre”. El célebre aforismo de Robespierre era objeto de burla, invirtiéndolo. Desmoulins recurrió con brillantez a Tácito, para insinuar que el gobierno revolucionario, era como el despotismo de Tiberio.
El cuarto número del periódico, que llevaba fecha de 30 Frimario, pero que no apreció hasta el 4 Nivoso (24 diciembre) era aún más explosivo. Al tiempo que respondía al contraataque de los hébertistas, Desmoulins hacía ahora un llamamiento a la clemencia: “¡queréis eliminar a todos vuestros enemigos mediante la guillotina! ¿Se ha visto alguna vez semejante locura?”. Los enemigos realmente peligrosos de la revolución, estaban ahora muertos o exiliados. La crisis había terminado. Recordad las enseñanzas de la historia y la filosofía: que el amor es más fuerte y más duradero que el miedo.
La campaña de Desmoulins y Danton, fue valiente y humana, pero increíblemente incompetente, puesto que, a todas luces, la crisis distaba mucho de estar cerrada. La mañana del llamamiento de Desmoulins, el día de Navidad de 1793 (5 Nivoso), Robespierre pronunció un discurso político fundamental, sobre la “teoría del gobierno revolucionario”, en el que, entre otras cosas, afirmaba: “el Estado está obligado a defenderse, de las facciones que lo atacan”. La cuestión era si Danton y Desmoulins, había pasado a formar parte o no, de una facción, la de los “enemigos del pueblo”.
El destino, de los que entonces llamaban “indulgentes”, Desmoulins y Danton, estuvo tiempo antes de ser resuelto. A finales de marzo hubo reuniones desesperadas, entre Robespierre y Danton, a medida que se intensificaba la presión, para que se produjeran detenciones. Robespierre seguía dudando “¿Cuál era exactamente la ofensa de Desmoulins?”. En la noche del día 9 al 10 Germinal (del 29 al 30 de marzo) Danton, Desmoulins y Phippeaux fueron detenidos. Al día siguiente, Legendre propuso que los detenidos, fueran llevados ante el estrado de la Convención, “donde los escuchareis y serán acusados o absueltos por vos. Y creo que Danton es tan puro como yo”. A lo que Robespierre respondió: “¿en que sentido Danton es superior a Brissot, a Hébert, o a su íntimo amigo Fabre d’Églantine?”. La moción de Legendre no fue aprobada.
Ahora que la suerte estaba echada, el riesgo político era que los hombres de la fama de Danton y Desmoulins, utilizaran el Tribunal Revolucionario, como plataforma para derrocar al Gobierno. Ya convencido, Robespierre redactó extensas notas, que remitió a Saint-Just, para su discurso de denuncia de Danton. De la larga lista de acusaciones, muchas eran espúreas, o iban dirigidas contra la vida privada, supuestamente disoluta, de Danton. Sólo la acusación de que, siendo ministro, había enriquecido a Fabre con fondos públicos, estaba auténticamente sustanciada. En realidad, lo que Robespierre no sabía, sobre la venalidad y la corrupción de Danton, era aún más grave de lo que sospechaba.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.