El buen gusto
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Baltasar Gracián y Morales consideraba el “gusto”, como una primera “espiritualización” de la animalidad. Y apuntaba con razón, me parece, que la cultura (“Bildung”), no sólo se debe al ingenio (“Geist”), sino también al gusto (“Geschmack”). Su ideal del hombre culto (el discreto) consiste en que éste sea el “hombre en su punto”, esto es, aquel que alcanza en todas las cosas de la vida y la sociedad, la justa libertad de la distancia, de modo que sepa distinguir y elegir, con superioridad y conciencia.
El ideal de formación que planteaba Gracián, haría época. De hecho logró sustituir al del cortesano cristiano de Baltasar Castiglione. En el marco de la historia de los ideales de formación occidentales, el de Gracián, se caracteriza por su independencia respecto a la situación estamental. Se trata del ideal de una “sociedad cultivada”.
La historia del concepto del gusto, sigue a la historia del absolutismo, desde España hasta Francia e Inglaterra, y coincide con la prehistoria del tercer estado. El gusto no sólo representa el ideal que plantea una nueva sociedad, sino que bajo el signo de este ideal del buen gusto, se plantea por primera vez, lo que desde entonces recibirá el nombre de “buena sociedad”. Esta ya no se reconoce ni legitima por nacimiento y rango, sino fundamentalmente sólo por la comunidad de sus juicios o, mejor dicho, por el hecho de que acierta a erigirse, por encima de la estupidez de los intereses, y de la privacidad de las preferencias, planteando la pretensión de juzgar.
Por lo tanto no cabe dudad, de que con el concepto del gusto, viene dada asimismo, una cierta referencia a un “modo de conocer”. Bajo el signo del buen gusto, se da la capacidad de distanciarse respecto a uno mismo, y a sus preferencias privadas. En esto, las sentencias del gusto poseen un carácter decisorio muy peculiar. En cuestiones de gusto, ya lo sabemos, no es posible argumentar. Nuestro refranero nos lo recuerda con frecuencia. Pero también Kant decía, con toda razón, que en las cuestiones del gusto puede haber riña, pero no discusión.
El gusto es algo que hay que tener, uno no puede hacérselo demostrar, ni tampoco suplirlo por imitación. Pero por otra parte, el gusto no es una mera cualidad privada, ya que intenta siempre ser buen gusto. Y el buen gusto está siempre seguro de su juicio, es decir, es esencialmente gusto seguro; un aceptar y rechazar que no conoce vacilaciones, que no está pendiente de los demás, y que no sabe de razones.
De algún modo, el gusto es más bien algo parecido a un sentido. No dispone de un conocimiento razonado previo. Cuando en cuestiones de gusto algo resulta negativo, no se puede decir por qué; sin embargo se experimenta con la mayor seguridad. La seguridad del gusto es, también, la seguridad frente a lo que carece de él. Su correlato positivo no es tanto lo que es de buen gusto, como lo que no repugna al gusto.
El concepto del “mal gusto”, no es en origen el fenómeno contrario al “buen gusto”. Al contrario, su opuesto es “no tener gusto”. El gusto evita en general, lo que se sale de lo habitual, todo lo excesivo. Es una sensibilidad, que evita tan naturalmente lo chocante, que su reacción resulta completamente incomprensible, para el que carece de gusto.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.