El moái arrodillado del que hablamos en el anterior escrito, pertenecía también, al periodo más antiguo de la isla. Una muestra más – algo que se iba haciendo habitual – de la actividad artística desplegada, por los primeros y remotos habitantes de Rapa Nui. Para los pascuenses, un moái “tuturi” (arrodillado) era una absoluta novedad. Pero Heyerdahl, viajero perspicaz por las regiones andinas y, buen conocedor de sus antiguas culturas, le encontraba un sorprendente parecido, con las estatuas genuflexas levantadas por los pueblos preincaicos en Tiahuanaco, junto al lago Titicaca. Las leyendas coinciden en que dichas estatuas, de dimensiones también sobrehumanas, ya estaban allí, desamparadas y sin dueño, cuando el primer inca ascendió al trono del imperio. Sostienen, asimismo, que en aquella época los maestros escultores, había emigrado ya, por las acuáticas lejanías del Pacífico, hacia un destino ignoto. Desde este punto de vista, el descubrimiento del moái “tuturi”, devolvía por enésima vez a la palestra, la polémica sobre el origen de los polinesios ¿Habían traído los adoradores del Sol el arte de esculpir, a la isla más solitaria del mundo?