Mecánica cuántica. Einstein y Bohr. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“Los locos son los únicos que se ocupan de la teoría cuántica”, dijo Einstein a un colega, mirando a través de la ventana, de su despacho del Instituto de Física Teórica, de la Universidad Alemana de Praga.
A Einstein le resultaba difícil vivir con la teoría cuántica y, la naturaleza dual de la luz. “Le aseguro que no soy el ortodoxo cuantizador de la luz por el que usted me toma”, le dijo en cierta ocasión, a Hendrik Lorentz. Después de volver del I Congreso de Solvay, celebrado en noviembre de 1911, sobre el tema “La teoría de l radiación y los cuantos”, Einstein decidió que, por el momento, ya tenía bastante y, dejó a un lado, la locura de los cuantos. Así fue como, durante los 4 años siguientes, Bohr y su átomo, pasaron a ocupar el centro del escenario, mientras Einstein abandonaba los cuantos y, centraba todos sus esfuerzos, en la ampliación de su teoría de la relatividad, para que llegase a abarcar la gravedad.
Fundada a mediados del siglo XIV, la Universidad de Praga estaba dividida, desde 1882, por las fronteras de la nacionalidad y el idioma, en dos universidades separadas, la checa y la alemana. Esa división reflejaba una sociedad, en la que los checos y alemanes convivían, en un clima de suspicacia y desconfianza mutua. Después del entorno sencillo y tolerante de Suiza y, de la combinación cosmopolita de Zúrich, Einstein no se encontraba a gusto en Praga, pero la cátedra y el sueldo, le permitían vivir con cierta holgura y, le proporcionaban, a pesar de la creciente sensación de aislamiento, una cierta tranquilidad.
A finales de 1911, Einstein no dejaba de pensar, en regresar a Suiza. Fue entonces, cuando acudió en su rescate, su viejo amigo de siempre. Recientemente nombrado decano del departamento de matemáticas y física de la Universidad Técnica Federal Suiza, Marcel Grossman ofreció a Einstein, una cátedra en el Politécnico de Zúrich. Pero, aunque la decisión estaba tomada, Grossman sabía que todavía había que cumplir, con ciertas formalidades. En primer lugar, debía buscar el apoyo de físicos eminentes, sobre el posible contrato de Einstein. Uno de los consultados, fue el gran teórico francés Henri Poincaré, que describió a Einstein, como “una de las mentes más originales” que conocía. Poincaré admiraba la facilidad con que Einstein se adaptaba a los nuevos conceptos, su capacidad para ver más allá, de los principios clásicos establecidos y, “la prontitud con la que, al enfrentarse a un problema físico, sospesaba todas las posibilidades”, Así fue como Einstein empezó a trabajar, en julio de 1912, como profesor de física, en el mismo lugar en el que tiempo atrás, había fracasado en su intento, de trabajar como asistente.
Resultó inevitable que Einstein, acabase convirtiéndose, en el principal interés, de los físicos de Berlín. Así fue como, en julio de 1913, Max Planck y Walter Nernst, cogieron el tren en dirección a Zúrich. Sabían que no resultaría sencillo convence a Einstein, de que volviese a un país que, casi 20 años atrás, había abandonado, pero estaban dispuestos a hacerle una oferta, imposible de rechazar.
Apenas Einstein vio a Planck y Nernst, bajando del tren, se dio cuenta inmediatamente, de la propuesta que estaban a punto de hacerle. Acababa de ser elegido, miembro de la prestigiosa Academia Prusiana de las Ciencias, e iban a ofrecerle uno se sus dos únicos cargos remunerados. Eso, por sí sólo, ya era un gran honor, pero los dos emisarios de la ciencia alemana, le ofrecieron también, una cátedra que, sin obligación docente alguna, le permitiría dedicarse exclusivamente a la investigación y, la dirección, en el momento en que se crease, del instituto Kaiser Guillermo de Física Teórica.
Así fue como, poco después de celebrar en Zúrich, su 35 cumpleaños, Einstein acabó mudándose a Berlín, a finales de marzo de 1914. Fueran cuales fuesen, no obstante, las reservas que albergase, sobre su vuelta a Alemania, pronto acabaron disipándose: “La estimulación intelectual abunda hasta un punto, que nunca calificaría como excesiva.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.