Thor Heyerdahl y "Rapa Nui". XII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Lo malo fue que la orden de liberación de los esclavos, llegó tarde. Del total de 1.000 pascuenses, deportados a las islas Chinchas, no quedaban ya sino un centenar, resignados a su triste suerte. La recolección del guano se había cobrados sus víctimas, aunque muchos habían sucumbido por razones más sutiles, que las penalidades del trabajo forzado: el clima, con sus gélidas y permanente nieblas; las malsanas condiciones de los yacimientos y, las enfermedades que les habían contagiado, los hombres del continente.
También, presumiblemente, de aflicciones morales, desesperanza, abatimiento o nostalgia.
Finalmente, los 100 supervivientes fueron embarcados en un buque francés, que los transportó de regreso, a sus añorados lares. Ni siquiera quiso entonces el destino, mostrarse generoso con aquellos desgraciados. Débiles y enfermos, 85 de ellos no alcanzaron a ver de nuevo, los luminosos cielos. de Rapa Nui.
Todas las gestiones diplomáticas, las campañas internacionales para concienciar a la opinión pública, todos los esfuerzos desplegados, sólo sirvieron apara que un puñado de 15 personas, pudieran volver a la tierra, que los había visto nacer.
Lo que hubiera debido terminar aquí, con un final, sino feliz al menos reconfortante, devino en la más grande e insospechada tragedia. Los 15 retornados portaban los gérmenes infecciosos y contagiosos, de las dolencias padecidas en su exilio forzoso. Los organismos de los aborígenes de Rapa Nui, no poseían defensas naturales contra ellos y, la viruela se propagó con la velocidad el rayo, sembrando la muerte como una maldición, incomprensible para los nativos, que no podía huir de la epidemia, por mucho que se aislaran, en lo más profundo de sus cuevas. En pocos años, la población sufrió una disminución tan alarmante, que alcanzó cifras cercanas a la extinción. Cuando el padre Eugenio Eyraud, el gran apóstol de los pacenses, llegó a Rapa Nui en 1864, estimó el número de isleños en 1.800. Dos años más tarde, el reverendo Gaspar Zumbohn, que venía a ayudar en su labor al padre Eyraud, se quedó impresionado ante los cadáveres, que se veían esparcidos por toda la isla; tantos que no había manos suficientes para enterrarlos. En 1868 quedaban sólo, unos 600 indígenas y, la tendencia proseguía a la baja.
El famoso viajero francés Pierre Loti, que arribó a Pascua en 1872, a bordo de “La Flora”, comentaba que “los senderos están repletos de osamentas y, esqueletos enteros aparecen aún tendidos sobe la hierba”. En 1877 se llegaba a los mínimos extremos. El capitán Adolphe Pinart, durante su estancia en la isla, contabilizó 111 individuos, entre adultos y niños. Su estado era, el de una sociedad agonizante. Tacados por el hambre, reducidos a la más espantosa miseria y, quebrados físicamente y moralmente, aquellos supervivientes de la orgullosa civilización del moái, había tocado el fondo de su propia historia, una historia que ya no estaban en condiciones de recordar y, menos aún, de reconstruir.
Un apasionado pasado perdido para siempre: he aquí la herencia final de aquella época. Los traficantes de esclavos, nunca seleccionaban su mercancía; todos los brazos servían si estaba sanos. Durante una de las incursiones, el propio “ariki”, Kai Makoi, fue apresado junto a su hijo Maurata. Ninguno de los dos regresó jamás a la isla de Pascua; ambos sucumbieron en las explotaciones guaneras. Igual destino sufrieron los “maorí kohau rongo-rongo”, los hombres sabios versados en las tradiciones antiguas, los maestros de la escritura pacense. Los que no murieron a mano de sus raptores, o durante el cautiverio en las islas Chinchas, no lograron sobrevivir a los embates posteriores de la viruela y el hambre. Entre lo 111 hombres que contara Pinart, no queda uno solo, que supiera interpretar las tablillas escritas. La propia tradición oral había sufrido un colapso irremediable, perdiéndose en una oscuridad sin retorno. Así fue como la muerte selló, quizá para siempre, el secreto de la cultura del Ombligo del Mundo.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.