EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Mecánica cuántica. El átomo cuántico. XI


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Aunque todavía persistían ciertas debilidades, como, por ejemplo, la incapacidad de reproducir la intensidad relativa de las líneas espectrales, los éxitos logrados por el modelo de Bohr-Sommerfeld, alentaron la reputación de Bohr y, le hicieron merecedor de un instituto propio, en Copenhague. De este modo, estaba en camino de convertirse, como Sommerfeld le llamó más tarde, en “el director de la física atómica”, no sólo gracias a su trabajo, sino también a la inspiración que proporcionó a otros.

Ese es un cumplido que, sin duda alguna, hubiese complacido mucho a Bohr, que siempre había querido reproducir, el modo en que Rutherford dirigía su laboratorio y, el clima que generaba entre sus colaboradores. Fue mucho más que física, lo que Bohr aprendió de su mentor. Vio el modo en que Rutherford movilizaba a su equipo, para sacar lo mejor de ellos. Y sí fue, como en 1917, Bohr llegó a reproducir lo que, en su momento, había tenido la oportunidad de vivir en Manchester. Se acercó a las autoridades de Copenhague, con la intención de solicitar, la creación de un instituto de física teórica, en la Universidad. El proyecto finalmente se vio a aprobado y, los amigos consiguieron el dinero necesario, para comprar los terrenos y, construir el edificio. Las obras empezaron al año siguiente, apenas acabada la guerra, junto a un hermoso parque, no muy lejos del centro de la ciudad.

Apenas había empezado a trabajar, cuando llegó una carta, que inquietó mucho a Bohr. Era de Rutherford y le ofrecía, un puesto de profesor permanente de física teórica, en Manchester. “Creo – escribió Rutherford - que, en esas condiciones, podríamos poner en marcha un movimiento, que revolucionaría, el mundo de la física”. Pero, por más tentadora que la oferta resultara, Bohr no podía, después de haber conseguido todas sus aspiraciones, abandonar Dinamarca. Quizá, de haberlo hecho, Rutherford no habría abandonado Manchester en 1919, para reemplazar a J. J. Thompson, como director del Cavendish Laboratory de Cambridge.

Conocido oficiosamente como Instituto Bohr, el Universitetets Institut Teoretisk Fysik, abrió oficialmente sus puertas, el 3 de marzo de 1921. Los Bohr ya se habían mudado, con su creciente familia, a la planta de 7 habitaciones, ubicada en el primer piso. Pasada la agitación de la guerra y, las dificultades de los años de posguerra, el Instituto no tardó en convertirse, en el paraíso creativo, que Bohr esperaba y, en un auténtico imán, para muchos de los principales físicos del mundo.

Pues eso.

(Continuará.)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..