Incertidumbre. La entropía. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En una exasperante ironía final, resulta que cuando Einstein inició sus cálculos, ni siquiera sabía que hubiera algo llamado “movimiento browniano”. En la introducción advirtió que: “es posible que los movimientos que se discutirán aquí, sean idénticos al llamado ‘movimiento molecular browniano’. Sin embargo, los detalles que he conseguido establecer en relación a este último, son tan imprecisos que no puedo formarme un juicio sobre el particular”.
Tres años después, en 1908, el físico francés Jean Perrin, realizó una serie de cuidadosos experimentos para medir el movimiento browniano y, comparar los resultados con la teoría de Einstein. Todo concordaba y el trabajo de Perrin se cita muchas veces, como la evidencia crucial y aplastante, de la existencia de los átomos. Para la mayoría de los físicos, esto no fue ninguna sorpresa, sino más bien, la agradable confirmación de algo que habían creído durante largo tiempo.
A partir de entonces, los átomos eran innegablemente reales. Al mismo tiempo, el pensamiento estadístico se consolidaba firmemente como parte esencial de la teoría física. Ambos estaban inextricablemente unidos.
Aun así, el determinismo sobrevivió, o eso parecía. Para Einstein, desde luego, el atractivo del razonamiento estadístico, era precisamente que permitía a los físicos realizar declaraciones cuantitativas, sobre el comportamiento de multitudes de átomos, incluso aunque el movimiento de los átomos individuales, permitiera ir más allá del conocimiento del observador. Lo importante era sólo, que esos movimientos seguían reglas estrictas e infalibles. En el fondo, la naturaleza continuaba siendo intrínsicamente determinista. El problema era que los observadores científicos, no podían reunir toda la información que necesitaban, para colmar el ideal de Laplace de conocimiento total, que conduce a la previsibilidad perfecta.
Los físicos habían revisado sutilmente, su estimación de lo que significaba una teoría. Hasta ese momento, una teoría era un conjunto de reglas que explicaban una serie de hechos. Entre la teoría y la experimentación existía una correspondencia directa y exacta de doble sentido. Pero eso había dejado de suceder. Ahora la teoría contenía elementos, sobre cuya existencia real los físicos no tenían duda alguna, pero a los cuales no podían llegar de forma experimental. Para el teórico, los átomos tenían una existencia evidente y, una posición y velocidad determinadas. Para el investigador, los átomos sólo existían de forma deducible y, únicamente podían ser descritos estadísticamente. Sa había abierto un vacío, entre lo que decía la teoría y, el panorama completo y correcto del mundo físico.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.