Los girondinos. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La Convención Nacional se reunió por primera vez el 20 de septiembre de 1792. Salvo en Paris, los girondinos se beneficiaron de su notoriedad en la anterior Asamblea Legislativa. Al comienzo de la misma, se impusieron como líderes de una mayoría – denominada el “Marais” o la Llanura – adherida prioritariamente a la Revolución. La victoria de las tropas francesas en Valmy, pronto fue seguida por la evacuación del territorio nacional por las tropas invasoras, por la invasión de Bélgica por los franceses, y por la ocupación de la orilla izquierda del Rhin, de Niza y de Saboya.
Dueños así de la Convención, los girondinos pudieron entonces, haber aceptado la mano que les tendía Danton y, olvidando el pasado, haber rehecho la unión de los demócratas. Pero los rencores del matrimonio Roland (figura clave de los girondinos), su exclusivismo como de secta, y sus excesos verbales, prevalecieron, entre los más exaltados de ellos, sobre la conciencia de sus propios intereses.
Pero por sus constantes ataque políticos contra Paris y contra sus héroes, presentaron su flanco, a la acusación de “federalismo”. Su liderazgo parlamentario, no condujo a ninguna política constructiva. No quisieron asociarse sin reserva, a la condena del rey, pero no pudieron impedir su ejecución. Algunos historiadores han escrito, que fueron incapaces de dirigir la guerra. Pero, sobre todo, fueron incapaces de establecer la paz, cuya necesidad, sin embargo, presentían varios de ellos. El resultado fue la coalición de naciones contraria a Francia, cuya pieza clave, durante 20 años, iba a ser Inglaterra.
La primavera de 1793 fue fatal para la Gironda. Derrotas y traiciones pusieron, una vez más, en peligro a la patria. El general Custine evacuó la izquierda del Rhin. Por su parte, el también general Dumouriez perdió Bélgica y se pasó al enemigo, llevándose en sus bagajes, al futuro rey Luis-Felipe. La leva ordenada por la Convención de 300.000 hombres, provocó en la región de la Vendée, una insurrección que pareció, al inicio, barrer todo atisbo de resistencia.
En marzo y abril, en contra de los girondinos, la otra parte de la Llanura, votó una serie de medidas revolucionarias, presentadas por los “montañeses”. Cuanto más amenazados estaban, los girondinos más se encerraban en una línea de conducta que congregaba contra ellos, y sin que se percataran, cuanto de monárquico y de contrarrevolucionario había en Francia. Una insurrección “sans-culotte” se prepara en Paris a plena luz del día. Robespierre y Marat, jacobinos, que habían hecho todo lo posible por encauzarla, tuvieron que desistir de ello. Así que el 2 de junio, rodeada por 80.000 hombres armados, la Convención votó la detención de los 29 diputados girondinos más señalados. El papel político de los girondinos había terminado.
¿Tuvieron alguna originalidad política los girondinos? En el plano de los principios, nada separó fundamentalmente a los girondinos, de los demás demócratas. Aunque es verdad, que al aceptar la ruptura entre la burguesía y el pueblo, acabaron por apoyarse, quizá a su pesar, en todos los enemigos de la Revolución. Pero más que una decisión política meditada, parece que lo que les empujó, insensiblemente, en esa dirección, fue la dureza de su rivalidad con la Montaña.
La originalidad de la Gironda, en todo caso, se halla en el plano de las mentalidades. Los girondinos, fuertemente marcados por el siglo XVIII, experimentaban un inmenso apetito de libertad, de goce, un apetito de optimismo y vida. De la sacudida revolucionaria habían retenido, sobre todo, el desbloqueo de las jerarquías sociales, la considerable posibilidad ofrecida al talento y al prestigio de la palabra. Y eso fue lo que dio a su recuerdo, un color de eterna juventud, irresponsable pero seductora.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.