El átomo. El milagro griego. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Los griegos y los hebreos estuvieron especialmente dotados de unas cualidades espirituales excepcionales, con una tendencia igualmente marcada hacia lo universal. Sin embargo, sus contribuciones más duraderas se sitúan en planos completamente diferentes. Concretamente, por lo que respecta al problema que estamos examinando aquí, es posible preguntarse por qué, durante su larga existencia política y, su larga carrera espiritual, los hebreos de la Biblia, a diferencia de los griegos paganos, no aportaron prácticamente ninguna contribución significativa, al nacimiento de la ciencia y a su desarrollo.
Modestamente creo, que la explicación de lo que los hebreos no nos han dado, reside en la naturaleza de lo que sí nos han dado. Así, uno 12 ó 13 siglos antes que los filósofos de Mileto, en el siglo XIX aC, Abraham, buscando como ellos la “causa primera”, el “principio de todas las cosas”, encontró a Dios, un Dios único, creador y motor del universo. No el agua o el aire o una “substancia” indefinida, o los números, sino Dios. De este modo marcó con un sello indeleble, el porvenir de su pueblo. En tiempos del apogeo de la escuela milesia (siglo VI aC) la visión del mundo de los hebreos estaba ya, al menos desde hacía tres siglos, en vía de codificación escrita. La “canonización del Pentateuco tiene lugar a mediados del siglo V aC y da de los orígenes del mundo (incluidos los del hombre) y de las leyes de su funcionamiento, una versión definitiva, incontestable, indiscutible, erigida en código de pensamiento único y, situada bajo la tutela de las autoridades religiosa y políticas.
Una vez fijada y establecida de este modo la verdad, no quedaba margen, a menos de entrar en conflicto con las autoridades gobernantes, para una investigación científica, o para unos desarrollos filosóficos independientes. No queda ningún espacio, para aquellas ideas que entrasen en contradicción, con los temas fundamentales del conocimiento. La certeza de una verdad absoluta, elimina toda necesidad de interrogarse sobre su validez. Los hebreos no sienten en absoluto, la urgencia de plantarse, las cuestiones que preocupan a los filósofos griegos. La afirmación “Dios ha creado…” satisface plenamente su curiosidad. Y la ciencia, en la verdad inmutable de la Revelación, convierte en superflua y en inútil, toda búsqueda del origen y el porqué de las cosas y, del lugar del hombre en el mundo. Flavio Josefo, el historiador judío del siglo I de nuestra era, proclama con orgullo la gloria de su pueblo, que posee “no una multitud de obras llenas de contradicciones”, sino “un conjunto único, el Libro de los Libros, al que es posible remitirse continuamente “con reverencia” (argumento recogido unos siglos más tarde, por los pensadores cristianos: Cirilo de Alejandría, Basilio de Cesarea, Juan Crisóstomo y San Agustín, entre otros) No hay lugar para la duda en su mente o en la de sus conciudadanos, acerca del hecho de que su significado es literal y, que describe la realidad inmutable del mundo. Habrá que esperar siglos para que pueda considerarse, justamente bajo la influencia de los desarrollos científicos externos, la idea de un significado alegórico, de determinados pasajes de la Biblia, entre los cuales, en particular, los que se corresponden con las preocupaciones de los filósofos griegos.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.