Talleyrand. Primer cargo importante. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como en Francia la prensa se hallaba sujeta a la censura real, las noticias más escandalosas se daban a conocer en los salones. En ellos se escuchaba, se flirteaba, se daban muestra de ingenio o, sencillamente el visitante curioso y discreto entrecerraba los ojos (nunca los oídos) y se dejaba ganar por aquella atmósfera única, prestaba atención a lo que se decía y se informaba y cultivaba. Los salones que frecuentó Charles-Maurice, pretendían aún mantener su origen “literario”. Los asistentes daban a conocer primicias de libros o artículos que estaban escribiendo, u obras del momento especialmente debatidas, como La nueva Eloísa de Rousseau. También se hablaba de ciencia, arte, economía y de religión.
Talleyrand descubrió pronto que Versalles tenía oídos en todas partes, por lo que evitaba tocar temas “espinosos”, aunque seguramente se divertía cuando oros los hacían. Se ha dicho que el abbé de Périgord, nunca fue más el mismo que en esos salones, en los cuales encarnó, mejor que nadie, lo que en 1780 se llamaba l’art de plaire. Tenía 33 años y, aunque siempre fue fie fiel a su carácter distante y discreto, no se veía aún obligado a forzar su naturaleza ni su estilo, para no solo ser quien era, sino también parecer lo que deseaba ser. Se movía en el marco de los códigos de la época. Incluso las agudezas, que más tarde se le atribuyeron, sus famosos bons mots, forman quizá, más parte de la leyenda, que de la historia. Al igual que su madre, parece que los detestaba, porque, como afirmaría en cierta ocasión, “sirven para todo y no conducen a nada”.
Entre los muchos salones que frecuento, destaca el de Felipe, segundo duque de Orleans desde 1785. Felipe era un miembro de la rama cadette de la Casa de Borbón. Partidario de la Revolución, fue conocido por los revolucionarios como Felipe Igualdad (Philippe Égalité) aunque ello no le salvó de morir guillotinado en 1793 durante el Terror. Luis XVI obtuvo un mando en la marina, pero un grupo de cortesanos apoyados por la reina María Antonieta, logró que el rey se lo revocara. A partir de este momento, la poca simpatía del duque a los monarcas (y, en especial, a la “Austriaca”, a la que acusaba de ser la culpable de todos los males de Francia) se convirtió en un odio feroz, que lo llevó a votar a favor de la muerte del rey en la Convención. Talleyrand nos ha legado una biografía de su “amigo” el duque de Orleans, en la que lo deja por los suelos en todos los aspectos. Sin embargo, no dudó en apoyar la elección de su hijo Luis Felipe, para que este pudiera ocupar el trono de Francia, tras la revolución de Juillet de 1830 y, le sirvió fielmente.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.