Incertidumbre. La entropía. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Admirador de las densas y francamente prolijas monografías de Ludwig Boltzmann, Einstein llegó a sentirse fascinado por las cuestiones estadísticas de la física y, por la concomitante controversia sobre la existencia de los átomos. En algún momento, también él se dio cuenta de que una partícula lo bastante pequeña, inmersa en un líquido rebotaría por todas partes, a causa de las colisiones moleculares. Exactamente como había dicho Boltzmann, aunque, al parecer, Einstein como todos los demás, no logró reparar en ese obscuro cometario de su predecesor. En cualquier caso, Einstein profundizó más. Se preguntó si el movimiento de una partícula, lo bastante grande como para ser vista con un microscopio, podría constituir una prueba directa y cuantitativa de la hipótesis atómica. Así que decidió calcular la respuesta.
No se trataba de un razonamiento sencillo. Louis Georges Gouy (Vals-les-Bains, Francia, 19 de febrero de 1854 - ibídem, 27 de enero de 1926) un físico francés, ya se había dado cuenta de que una partícula browniana debía tener, por término medio, la misma energía de movimiento que las moléculas del líquido en el que estaba suspendida. Esas moléculas, que tenían una masa mucho menor, se movían por todas partes a toda velocidad, mientras que la partícula browniana avanzaba con torpeza mucho más despacio. Tenía que haber una relación simple entre la velocidad media de la molécula y, la velocidad media de la partícula en el líquido. Pero la naturaleza errática del movimiento browniano, hacía difícil definir la velocidad media de una partícula, de una forma significativa.
Haciendo gala de su ingenio, Einstein siguió otro camino. Encontró la forma de calcular, no lo rápido que una partícula en suspensión se movía, sino los lejos que sus movimientos zigzagueantes, harían que se desplazara en un periodo determinado de tiempo.
Finalmente, casi 8 años después de que Robert Brown, hubiera dado una explicación científica, del movimiento de las pequeñas partículas suspendidas en un fluido, Einstein ofreció el primer tratamiento cuantitativo de su verdadera causa. Su inteligente análisis, fue uno de los cuatro ensayos históricos que publicó en su annus mirabilis de 1905. En los otros ensayos proponía su teoría especial de la relatividad, a lo que por entonces era un público de físicos básicamente desconcertado y, ofrecía provocadoras ideas, sobre la verdadera naturaleza de la luz.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.