Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Richard F. Burton se relacionó con aquellas personas que, con toda probabilidad, mejor pudieran conocer Somalia, en este caso los somalíes residentes en Adén y, los propios árabes. Inicio sus estudios lingüísticos gracias a un texto de Christopher P. Rigby, su antiguo rival en los exámenes anuales de lengua que se realizaban en Bombay. Rigby había escrito un ensayo valioso “Esbozo de la lengua somalí, con un vocabulario”. La rivalidad creció entre ambos: Rigby sostenía que el somalí no tenía “la menor similitud con el árabe; en lo que atañe a la construcción”, mientras que Burton se decantó por un punto de vista opuesto. Sin embargo, compartían, que era más útil seguir al pie de la letra el viejo adagio, según el cual la mejor manera de aprender una lengua es en la cama, de modo que Burton empezó a frecuentar a las prostitutas somalíes de Adén; rápidamente logró un conocimiento muy fluido de su lengua. Ahora bien, las mujeres no eran en realidad prostitutas:
“En Somalia no existen las putas (observa Burton en Primeros pasos en ele este de África). Sin embargo, hay esposas en abundancia que, debido a la inactividad de sus maridos, prostituyen sus cuerpos sin el menor escrúpulo. El hombre anuncia con claridad que intenciones tiene, por medio de asentimientos, sonrisas y desvergonzados gestos que hace con los dedos. Si la mujer sonríe, Venus estará de enhorabuena. Después, el fornicador indica mediante los dedos la suma que está dispuesto a pagar… Las somalíes tienen una única forma de hacer el amor. Uno y otra yacen de costado, y nunca, como acostumbramos en Europa, el varón sobre la hembra. La hembra yace sobre el costado izquierdo, varón sobre el costado derecho…”. Por lo general, las somalíes prefieren los amourettes con los extranjeros, atendiendo al conocido proverbio árabe que dice: “El recién llegado colmó sus aspiraciones”. ¿Y quién sino Burton, podría haber sido “el recién llegado”? Alabó la “espléndida piel aceitunada de las somalíes y sus rostros redondeados”. “uno de sus más peculiares encantos” escribe en Primeros pasos en el este de África, “es su voz de tono bajo, una voz plañidera… Tiene un encanto indefinible. A menudo he permanecido despierto durante horas y horas escuchando las conversaciones de las somalíes, cuyos acentos resonaban en mi corazón como música celestial, al margen de sus pronunciamientos”.
Pues eso.
Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.