EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Mecánica. Los doctores del Espín. I


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Los avances realizados en el campo de la física cuántica, a lo largo de todo un cuarto de siglo – que iban desde la ley de la radiación del cuerpo negro de Planck, hasta el cuanto de luz de Einstein, el átono cuántico de Bohr y, la dualidad de onda-partícula de la materia de De Broglie – eran el producto del infeliz matrimonio, entre conceptos de la física cuántica y de la física clásica, una unión que, en 1925, se hallaba sometida a una extraordinaria tensión. “Cuanto más éxito conseguía la teoría cuántica, más estúpida parecía”, escribió Einstein en marzo de 1912. Lo que ahora se necesitaba, era una nueva teoría, una nueva mecánica del mundo cuántico.

“El descubrimiento de la mecánica cuántica, llevado a cabo a mediados de la década de los años veinte del siglo XX – afirmó en cierta ocasión, Steven Weinberg, estadounidense laureado con el premio Nobel – ha sido la revolución más profunda, que se ha producido en la teoría física dese el advenimiento, a comienzos del siglo XVII, de la ciencia moderna”. El papel especial que desempeñaron los jóvenes físicos, en la revolución que estaba configurando el mundo moderno, fueron los años de la “knabenphysic”, es decir, de “la física de los muchachos”.

“Me pregunto qué será más admirable, la comprensión psicológica necesaria para el desarrollo de una idea, la exactitud de la deducción matemática, la profundidad de la comprensión física, la capacidad de explosión lúcida y sistemática, el conocimiento de la literatura que existe al respecto, el tratamiento completo del asunto, o la certeza de su valoración crítica”. Como vemos, Einstein se vio profundamente impresionado, por “la obra madura y grandiosamente concebida”, que acababa de revisar. Le resultaba difícil creer, que el artículo de 237 páginas y 394 notas a pie de página sobre la relatividad, fuese la obra de un físico de 21 años, que todavía estaba estudiando y, que comenzó a escribir a los 19. Wolfgang Pauli, que luego sería conocido como “la ira de Dios”, era mordaz y, se le consideraba “un genio sólo comparable a Einstein”. “En realidad, desde el punto de vista de la ciencia pura – dijo Max Born que, por aquel entonces, era su jefe – su talento posiblemente superaba al de Einstein”

Wolfgang Pauli nació el 25 de abril de 1900 en Viena. Su padre, que también se llamaba Wolfgang, había sido médico, pero abandonó la medicina por la ciencia cambiando, en el proceso, su nombre familiar de Pascheles, por el de Pauli. La transformación fue completa cuando, dejándose llevar por la marea de miedo, provocada por la creciente ola de antisemitismo, que ponía en peligro sus ambiciones académicas, acabó convirtiéndose al catolicismo. Fue así como su hijo creció, ignorando la ascendencia judía de la familia. Su padre consideró justificada la decisión de adaptarse cuando, en 1922, se vio contratado para una codiciada cátedra, que le convirtió también, en el director del nuevo instituto de química médica, de la Universidad de Viena.

Bertha, la madre de Pauli, era una conocida periodista y escritora vienesa. Su círculo de amigos y conocidos, llevaron a Wolfgang y a su hermana Herta, 6 años más joven que él, a crecer viendo desfilar, por el hogar familiar, a destacadas figuras del mundo de las artes, las ciencias y la medicina. Su madre, pacifista y socialista, ejerció una fuerte influencia sobre Pauli. Cuando su madre murió, dos semanas antes de cumplir los 49 años, en noviembre de 1927, una esquela en “Neue Freie Presse”, describió a Bertha como “una de las escasísimas personalidades realmente fuertes, entre las mujeres austriacas”.

Aunque Pauli se hallaba académicamente muy preparado, distaba mucho de ser un alumno modelo, porque la escuela le parecía insoportable. Cuando alguna lección de la escuela, le resultaba especialmente tediosa, Wolfgang empezaba a leer los artículos de Einstein, sobre la relatividad general, que guardaba en su pupitre. La física siempre pesó mucho, en la vida del joven Wolfgang, debido a la influencia de su padrino, el influyente físico y filósofo de la ciencia austriaco Ernst Mach.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..