Incertidumbre. ¿Cómo decide un electrón? IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Hablábamos de que Niels Bohr imponía una condición cuántica crucial: los electrones que giraban, no podían tener la energía que quisieran.
Si esta prescripción era cierta, el único electrón de un átomo de hidrógeno, tiene que ocupar uno de un conjunto de orbitales distintos. Cuanto más grande es el diámetro del orbital, mayor es la energía del electrón que gira alrededor a toda velocidad. Bohr se percató de que milagrosamente, su modelo explicaba la espectroscopia. Cuando un átomo absorbe energía, un electrón salta de una órbita baja a una superior; si el electrón vuelve a caer, el átomo devuelve esa misma cantidad de energía. Estas absorciones y emisiones, solo pueden presentarse en cantidades fijas, dictadas por el conjunto restringido de órbitas de los electrones. Y Bohr descubrió que, con los ajustes apropiados, esas órbitas podían disponerse de tal forma, que reprodujeran de forma precisa la serie de Balmer, de la que ya hablamos. No solo consiguió desarrollar una base teórica para la fórmula de Balmer. Su logro más destacado fue haber descubierto, por fin, la razón por la que hay una ciencia espectroscópica: tiene que ver con las transiciones de electrones de una órbita a otra.
Para explicar su excitación, Bohr tenía claro que no podía dotar su sencillo modelo, de una base física persuasoria. Los electrones permanecían en sus órbitas asignadas, no solo porque escribió una regla diciendo que debían hacerlo. Ante esta limitación, afirmó claramente en una publicación, que no realizaría “ningún intento de una base mecánica (ya que parece inútil)”. El modelo funcionaba de maravilla, pero procedía de donde ni siquiera Bohr se aventuraba a imaginar.
Para muchos científicos veteranos, el modelo atómico de Bohr ni siquiera llegaba a la categoría de físico. Lord Rayleigh, un físico matemático de 70 años de amplias miras, dijo a su hijo: “Sí, lo he visto, pero no he creído que pudiera serme de utilidad. No digo que no haya que realizar los avances de ese modo. Creo que muy probablemente sea así. Pero a mí no me gusta”. Rayleigh era un hombre reflexivo, modesto, un viejo sabio para su época. Su opinión del modelo atómico de Bohr no era tanto una condena, como una aceptación melancólica, de que su época había pasado ya.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.