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Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XII


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Harar era una ciudad famosa por su hostilidad hacia otras etnias, como lo abisinios, que también eran cristianos. Era una antiquísima metrópolis, habitada por un raza extraña y peligrosa, que hablaba una lengua distinta a todas las demás, famosa en tanto centro de la erudición islámica, en lo que podía equipararse a La Meca (un reto de consideración para Burton). Además, era un notorio centro del tráfico de esclavos, en el que los negros capturados a lo largo de la costa y, en otros puntos, eran adquiridos por las caravanas árabes: de ahí que fuese además digna del odio de Burton. Dicho en pocas palabras: Harar ofrecía a Burton, un reto que de ninguna forma, podría haber pasado por alto. Y un reconocimiento de Harar tal vez le proporcionase algunas claves, respecto del camino que llevara al nacimiento del río Nilo.

No cabía duda alguna, del tremendo peligro que entrañaba tal viaje. “Existe una tradición – nos dice Burton – según la cual, con la entrada del primer cristiano (blanco) se ha de producir la caída de Harar”. “De hecho, todos los que hasta la fecha lo habían intentado, han sido asesinados”.

Richard F. Burton iba a emprender su viaje, bajo el nombre de Haji Mirza Adbullah, rescatando de ese modo, el papel que ya había asumido en su peregrinación a La Meca, salvo que a estas alturas era ya alguien de más entidad, un hombre que había realizado el haji y, que había de ser, en consecuencia, respetado. Vestiría a la usanza de los árabes, e incluso sugirió – o, mejor dicho, ordenó – que los demás hicieran lo mismo, no tanto a manera de disimulo, sino por simple cuestión de conveniencia y, porque la vestimenta de los árabes podría darles cierta protección, ya que no serían inmediatamente reconocidos e identificados como europeos. Que Burton estuviera decidido a presentarse ante los somalíes, como otra cosa distinta del oficial británico que era de hecho, enfureció a Outram. Pensó que tal disfraz era denigrante para los británicos, a quienes rebajaría a ojos de los nativos. Speke tampoco se sintió cómodo.

Aunque se vio obligado por las circunstancias, a pasar el verano entero, en el sofocante y opresivo Adén, Burton en modo alguno se mostró inactivo. Había alquilado unas habitaciones en un viejo hotel de Steamer Point, alejado de la colonia británica. Steinhauser estaba allí alojado y, ambos hombres, conversaron largo y tendido acerca de una expedición conjunta al África Central y, de la posibilidad de colaborar en una traducción de Las mil y una noches, “esa maravillosa obra”. Y Burton se dedicó a aprender cuanto pudo acerca de Somalia, de los pueblos y la lengua.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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