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Incertidumbre. ¿Cómo decide un electrón? V


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Durante años Max Planck había luchado contra un fastidioso problema. Era de sobra conocido que los objetos calientes, brillaban a través de una serie de clores característicos – desde el brillo rojo de las brazas al amarillo del sol, o al espeluznante blanco azulado del acero fundido – a medida que su temperatura aumentaba.

Casi presa de la desesperación, Planck trató de dividir la energía de la radiación en pequeñas unidades. Pretendía simplificar sus cálculos con un truco matemático. Supuso que, si lograba resolver la deseada forma del espectro, entonces sería capaz de utilizar técnicas matemáticas estándar, para encoger sus pequeños fragmentos de energía, hasta un tamaño infinitesimal, al tiempo que mantenía su solución exacta. Su plan funcionó a medias. Logró obtener el espectro correcto, pero solo si mantenía un tamaño específico, para las unidades de energía, cuantos.

Planck era un conservador. En la física estándar no había razón alguna, para que la energía de las ondas electromagnéticas estuviera limitada de esa forma. Se negaba a creer que la energía electromagnética, en cierto sentido intrínseca, tan solo pudiera existir en pequeñas unidades. Más bien pensaba que algo de la forma en que los cuerpos materiales emitían energía, hacía que la radiación se escapara de pronto en cuantos diferenciados. Otros físicos estuvieron de acuerdo, en su mayor parte, con esta lógica. Planck luchó denodadamente en los años siguientes, para encontrar una razón satisfactoria, por la cual la energía saliera de esta forma tan dispersa. No lo consiguió, aunque tampoco se dio por vencido.

Más de una década después, la idea de Planck continuaba siendo misteriosa y controvertida. Sin embargo, como recuerda Niels Bohr, la idea de la energía de los cuantos, al meno flotaba en el aire. No parecía demasiado descabellado, aplicar una versión de la misma idea, a los electrones y a los átomos.

Al cabo de sólo unos meses, la extraordinaria fertilidad de esta innovación comenzó a despuntar. De vuelta a Copenhague, Bohr había aceptado una plaza universitaria de primer ciclo, cuya principal carga era enseñar física, a estudiantes de medicina. Un día un colega le preguntó si su extraña representación de los electrones en los átomos, podía resultar de alguna ayuda, para explicar algo llamado “las series de Balmer”, de líneas espectroscopias del hidrógeno. Tímidamente, Bohr confesó, que no sabía lo que eran las series de Balmer y, acudió a la biblioteca para ilustrase.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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