Niels Bohr descubrió la existencia de un rasgo muy extraño, asociado al salto cuántico del electrón. Y es que resulta imposible identificar donde se encuentra, durante un determinado momento del salto, un electrón o, dicho en otras palabras, la transición entre una y otra órbita, es decir, entre un nivel de energía y otro, ocurre de manera instantánea. De no ser así, la emisión de energía, durante el salto de una órbita a otra, sería continua. En el átomo de Bohr, pues, un electrón no puede hallarse, en ningún punto del espacio que existe, entre una órbita y otra. Por eso en un determinado momento desparece, como por arte de magia, de una órbita y reaparece misteriosa e instantáneamente en otra.